Ante la realidad del trabajo

0
269
Ante la realidad del trabajo: o la dinámica del capital o una visión adecuada del hombre

 

         Lucas Zapata

Nos encontramos al borde de la denominada cuarta revolución industrial que, como las anteriores, está llamada a transformar buena parte, si no todos, de los ámbitos de nuestra existencia: cómo producimos, cómo consumimos, cómo nos relacionamos cómo nos comunicamos, etc.

Uno de los elementos que la definen, esta cuarta revolución, entre otras cosas,  es el denominado capitalismo cognitivo, donde su valor reside en  la dimensión cognitiva e inmaterial del trabajo   es decir el desarrollo de una economía basada en la difusión del saber en la que la creación de conocimiento se convierte en la principal apuesta de la valoración de capital y donde los datos, en la economía del conocimiento, son insumo básico y clave, todo ello dinamizado por la revolución digital y la inteligencia artificial

Los más beneficiados de esta dinámica son las grandes empresas de servicios tecnológicos, que concentran un gran poder de mercado derivado de sus activos intangibles, lo que se refleja en cuantiosos beneficios generando una situación de monopolio.

Los efectos de la transformación tecnológica está produciendo la segregación del mundo en dos espacios económicos cada día más claramente definidos. Por un lado, zonas que son capaces de producir y concentrar talento e innovación. Por otro, territorios que pierden a sus ciudadanos mejor formados, no producen empresas en la frontera tecnológica y no generan prosperidad. Esta división del mundo enclusterso “polos” de innovación está teniendo importantes implicaciones políticas. En términos domésticos, genera fuertes tensiones entre regiones, ya que son pocas las zonas que concentran el crecimiento y muchas las que sufren los efectos de la degradación económica.

En las últimas dos décadas se ha producido una clara concentración del talento más sofisticado en lugares geográficos muy concretos. Estos movimientos están produciendo una grave fractura social A escala global la transformación tecnológica plantea retos, si cabe, más complejos. Aquellos países que logren construir polos de conocimiento e innovación serán capaces de atraer empleo, empresas fronteras y bases fiscales a su jurisdicción. En estos momentos, los países que lideran la carrera de la innovación son   fundamentalmente EE UU y China. De hecho, la última estrategia de desarrollo económico de China titulada Made in China 2025 plantea una senda clara para dominar todos los sectores frontera de la economía; desde la robótica hasta la aeronáutica, pasando por la inteligencia artificial o el ciberespacio.

Del otro lado de esta dinámica o movimiento del  péndulo, a partir de los años 90, representa el punto máximo del neoliberalismo y las recomendaciones de la Comisión Trilateral a través de la políticas de ajuste estructural del consenso de Washington: privatizaciones; liberalización financiera; desregularización de los mercados, entre ellos el mercado laboral y los efectos de una dura crisis permitió que las reformas laborales fuese correa de transmisión del capital. En España   la última reforma laboral ha supuesto  un aumento de la precariedad, la temporalidad  y a su vez abrir la puerta  para llevar a cabo una bajada de salarios, como instrumento para ser competitivos, como nunca se había visto. Esto ha generando una desigualdad por ingresos: el 20% de la población más rica ganó en 2015 seis veces más  que 20% más pobre  y más de dos millones de jóvenes en España se encuentran en situación de pobreza, según El Informe sobre pobreza juvenil en España.

Si observamos la evolución desde los años 80, en la época de las reconversiones, vemos cómo se borró del mapa a los obreros industriales, después se desplazaron los trabajos a países de Asia y se empobreció notablemente a agricultores y ganaderos; también se redujeron los cuadros intermedios de las empresas con la excusa de que había que adelgazarlas, se precarizó a los profesionales con el argumento de que no generaban valor en el siglo de la revolución digital. Ahora la jubilación lleva tiempo en el punto de mira, porque se paga demasiado a gente que no trabaja y resulta imprescindible reducir la cuantía de las pensiones y retrasar la edad de retirada, y de paso la ley de la eutanasia.

El modelo socioeconómico que se ha construido favorece un desequilibrio estructural que por primera vez concede al Estado la primacía laboral sobre el mercado: los españoles que viven de la Administración -incluyendo a los que perciben subsidio- superan ya en 700.000 a los que crean riqueza desde el sector privado.

Estas dos realidades (la digital y analógica, la élite con el descarte) conviven de momento. Por una parte hay una élite, exponente de las plataformas de las grandes tecnológicas. Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook  y  los grandes fondos e inversión (BlackRock y Vanguard manejan activos por más de 11 billones de dólares prácticamente la misma cantidad que el Producto Interior Bruto de la zona euro). Ya en las primeras semanas del año 2019 los ejecutivos del Ibex  han ganado tanto como un trabajador medio en todo el año.  Tomando como base la retribución media de los presidentes y consejeros delegados en el Ibex 35 publicada por la CNMV: 3,11 millones de euros en 2017 y el sueldo medio de un trabajador según los datos del INE: 23.156 euros al año, con cifras de 2016. Si se toman solo los trabajadores a tiempo completo, el salario medio es de 26.870 euros anuales, lo que dejaría la diferencia en 115 veces. Pero estas diferencias se incrementaría muchos más con la realidad de 1400 millones de trabajadores malviviendo en la economía informal. Si la justicia de un sistema socio-económico y, en todo caso, su justo funcionamiento merecen en definitiva ser valorados según el modo como se remunera justamente el trabajo humano vemos claramente que es un sistema injusto.

Un sistema donde se convive entre la revolución de las competencias y la gestión del talento a la competencia por sobrevivir, trabadores de 50 años que tienen que reinventarse ya que sus habilidades han quedado desfasadas y el cambio de época les coge con pie cambiado,  con el peligro del descarte, y que también afecta a los jóvenes que abandonaron el ámbito escolar, España se mantuvo en 2017 como el segundo país de la Unión Europea con mayor abandono escolar, con una tasa del 18,3% de jóvenes entre 18 y 24 años. Desde luego el futuro es distinto para unos que para otros.

Estas dos caras de las realidades (la revolución 4.0 y las políticas neoliberales de los 90) quieras o no, están inmersas en la dinámica del capital. Éste las define y las configura.

El capitalismo en su dinámica de continua adaptación y transformación cambia la naturaleza del trabajo. El no salir de esta referencia, es decir la dinámica del capital, hace que el trabajo  entre en el proceso de la cosificación y de la mercantilización, considerado como una anónima fuerza necesaria para la producción o ya ni siquiera eso. Hoy día hay personas que trabajando son pobres.

Por tanto para que el trabajo sea el punto de referencia, implica algo previo  que el sujeto del trabajo sea la persona y se requiere que sin una visión adecuada del hombre es imposible fundar ni una ética ni una praxis que estén a la altura de su dignidad por ello “…Resulta claro entonces que la misma economía, como cualquier otra esfera humana, «tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona»”Por ello una ética amiga de la persona es la base sobre la que sustenta la dinámica del trabajo y no la dinámica de la fuerzas del capital.

El trabajo debe estar en función de la persona y no la persona en función del trabajo. Este debe ser el principio fundamental y básico de la organización del trabajo y del orden económico y social. Ninguna razón puede justificar que la persona deba adaptarse (en sus circunstancias personales, familiares, sociales…) a las exigencias de la producción vistas exclusivamente desde mayor rentabilidad. Al contrario es la producción la que debe realizarse atendiendo y respetando las necesidades personales, familiares, sociales…de las personas, las que debería subordinarse y adaptarse a las necesidades de las personas. El error del capitalismo, es que el hombre es tratado de alguna manera a la par de todo el complejo de los medios materiales de producción como un instrumento y no según la verdadera dignidad del trabajo o sea como  SUJETO y AUTOR y por consiguiente verdadero FIN del proceso productivo.

Por ello en la Doctrina Social de la Iglesia no identifica trabajo con empleo. Cuando la Doctrina Social de la Iglesia plantea el deber de trabajar y el derecho al trabajo no se refiere solo al empleo, sino a todo trabajo entendido  como actividad humana  que sirve a los demás, sea o no remunerado. En este sentido la Doctrina Social de la Iglesia plantea la necesidad del reconocimiento y aprecio social de actividades-trabajos que no son empleos pero que prestan un gran servicio a la sociedad y a las personas. Ahora bien, dado que el empleo es la forma dominante de trabajo en nuestra sociedad y el instrumento fundamental a través del cual se accede a los recursos necesarios para la vida personal y familiar, la Doctrina Social de la Iglesia considera que el derecho al trabajo es también derecho al empleo para todas las personas que son aptas para él. Consecuentemente la responsabilidad de la Sociedad y del Estado es la responsabilidad de crear la mejores condiciones posible para que haya oportunidades de empleo para todos y es muy crítica con todo uso de la riqueza que signifique limitar las posibilidades de empleo, hasta el punto de que la Doctrina Social de la Iglesia  considera que el nivel de empleo, pero también la calidad de los empleos, son indicadores fundamentales de la calidad económica política y ética e una sociedad

Por ello cuando priorizamos trabajo sobre capital de fondo estamos planteando dos formas distintas de entender la realidad y su puntos de referencia. Retomemos de la historia sus luchas y recordemos el lema de los obreros de los tres ochos (1º de Mayo). Ocho horas de trabajo; Ocho horas de cultura y Ocho horas de descanso y con la familia.

(*)Plataforma Parados en Acción

(Publicado en la Revista Autogestión nº 128, pagina 30)