EL TRABAJO, EL SUDOR Y LA VERGÜENZA

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Queridos amigos: este martes 1º de mayo se celebra el día del trabajador, te pido elevemos juntos una oración al Padre para que nos enseñe a reconocernos como hermanos, para hacer cierto el derecho a igualdad de oportunidades para todos, te invito a rezar por todos los que sufren su falta de trabajo o por la precariedad en las tareas laborales y en el ejercicio de sus derechos. ¡¡Que Dios te bendiga y acompañe!!

EL TRABAJO, EL SUDOR Y LA VERGÜENZA

El trabajo es articulador de la cuestión social y es connatural a la dignidad de la persona humana. Los hombres y mujeres trabajadores con su tarea cotidiana sostienen a sus familias, contribuyen a consolidar la democracia y colaboran con el bien común de la Nación.

Sin embargo en el mundo (y en nuestro país) se da una especie de contradicción: a medida que crece la producción de riquezas éstas se concentran cada vez en menos bolsillos, y simultáneamente crecen la desocupación y las actividades laborales precarias. También se afianzan en el mundo otras formas de esclavitud y opresión como la trata de personas para la explotación sexual o laboral, y en algunas regiones el mal llamado “trabajo infantil”.

En estos tiempos me ha tocado recibir a gente angustiada por el cierre de pequeñas o medianas empresas a causa del aumento de los costos que se hacen imposibles de afrontar.

El trabajo no registrado llega a cerca del 30% de trabajadores y no cuentan con acceso a la seguridad social, no tienen gremios que les protejan orgánicamente, ni les ayuden a pactar aumentos que les permitan acceder a salarios dignos. Por otro lado, las mujeres suelen tener un salario entre un 20 y 30% menor que los varones por la misma actividad.

Pongamos la mirada en los extranjeros que suelen ser contratados para las tareas más duras y menos rentadas. El color de la piel, el lugar de nacimiento es causa de marginación y exclusión, también en la Argentina que hace un siglo les recibió con mayor generosidad.

Si a esto le sumamos el avance de la tecnología que reemplaza con una máquina el trabajo de 5 o 10 personas, el panorama es sombrío.

El actual sistema económico necesita del descarte de objetos (papel, nylon, plásticos, metales… haciendo creciente la cantidad de basura no degradable) y también de personas (que son tratadas muchas veces como objetos en desuso). En algunos países se dedica mensualmente al cuidado de una mascota más del triple de dinero de lo que se destina a la alimentación de un niño en otro lugar del planeta.

Por eso Francisco levanta su voz a toda la humanidad, creyentes o no, para que cese esta carrera de acumulación y exclusión. Ya lo señalamos los obispos de América Latina el año 2007: “Los excluidos no son solamente ‘explotados’ sino ‘sobrantes’ y ‘desechables’”. (DA 65)

Ante la expulsión de muchos trabajadores de los empleos formales, han surgido otras formas de economía popular: asociaciones de artesanos, cooperativas de diversos oficios (pescadores, ladrilleros, recicladores…), fábricas recuperadas, ferias de productos orgánicos de huertas familiares…

En Bolivia el Papa les ha dicho: “Ustedes son poetas sociales: creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados por el mercado mundial” (Francisco, Bolivia, 9 de julio de 2015), recordando que “Tierra, Techo y Trabajo son derechos sagrados”.

Hace falta mirarnos como hermanos y poner en práctica de verdad la igualdad de oportunidades. “Deberían exasperarnos las enormes inequidades que existen entre nosotros, porque seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros. Dejamos de advertir que algunos se arrastran en una degradante miseria, sin posibilidades reales de superación, mientras otros ni siquiera saben qué hacer con lo que poseen, ostentan vanidosamente una supuesta superioridad y dejan tras de sí un nivel de desperdicio que sería imposible generalizar sin destrozar el planeta. Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos.” (Francisco, LS 90).

Mientras algunos ganan el pan con sudor y sacrificio, y otros hasta lo buscan en la basura, una pequeña parte de la humanidad despilfarra obscenamente. Me avergüenza esta injusticia flagrante e impune. ¡Cuánto desprecio por los pobres!

Acerca de los actuales procesos de producción en la Encíclica acerca del cuidado de la casa común se nos advierte: “Debemos respetar los ciclos naturales de la creación, ya que se ha pasado a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a «estrujarlo» hasta el límite y más allá del límite”. (LS 106)

Este martes 1º de mayo vamos a celebrar el día de los trabajadores, hombres y mujeres que cotidianamente buscan un mundo mejor para sí y para la humanidad. En la Exhortación Apostólica sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, nos dice Francisco: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante”. (GE 14)
“Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra.” (GE 14)
“¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos.” (GE 14)

Mons. Jorge Lozano (Arzobispo Coadjutor de San Juan y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina)