Cuando un pueblo pierde la conciencia histórica, pierde su alma

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ASISTENCIALISMO y PROMOCIÓN en el Tercer Mundo hoy

Evangelización en extensión y en intensidad

Julián Gómez del Castillo.

Militante Cristiano (1924 – 2006)

1. CUANDO UN PUEBLO PIERDE LA CONCIENCIA HISTÓRICA, PIERDE SU ALMA. ASISTENCIALISMO Y PROMOCION.                                                           

Hablar de la cuestión del asistencialismo hoy en esta sociedad nuestra en la que desde la enseñanza primaria hasta los doctorados universitarios se plantean sin conciencia histórica, en la que la vida se organiza en la comunidad política de nuestro país desde hace 60 años asesinando la conciencia histórica; cuando un pueblo pierde la conciencia histórica pierde su alma: El alma de los pueblos es sin duda ninguna la conciencia histórica. Y es evidente que en España llevamos 60 años y lo que queda intentando que el pueblo español pierda su conciencia histórica. Y lo están consiguiendo. De manera que cuando hoy uno se encuentra con un grupo de jóvenes universitarios – y no digo de jóvenes marginados-, aunque estudien historia, carecen de conciencia histórica. Y si esto sucede a nivel universitario, imaginemos a nivel básico, o a nivel de pueblo. Insisto: cuando un pueblo pierde la conciencia histórica, pierde su alma.

Cuando una persona no tiene conciencia histórica, no tiene posibilidad de entender la vida. Y la entenderá para él, pero esa es la vida que no existe. La vida que existe entre las personas es siempre una vida social. El creador quiso que el hombre por naturaleza fuera un ser social, dejando a Robinson Crusoe como personaje literario. De manera que es evidente que ningún ser humano ha nacido para Robinson Crusoe. Todos hemos nacido con cualidades sociales, con dimensión social. Y el hombre o la mujer que no cultiva esto, evidentemente no se está cultivando sino embruteciendo. 

Y esto no son problemas de buenos y malos; estos son problemas de que las cosas, las realidades son así. El cardenal Herrera decía en los años 40 que el gran problema del cristianismo español era su absoluta carencia de dimensión social. Si viviera hoy, estoy seguro que diría que las cosas, en este terreno, se habían agravado. Estamos atrás, mucho más atrás. La entrada en la Unión Europea necesariamente multiplicará el individualismo ya que su planteamiento no es otro, y su estructuración no es otra que multiplicar una estructura individualista. Es decir, profundamente anticristiano. Y por eso, en lo religioso hoy, la última intervención en el Sínodo sobre Europa de un padre sinodal fue denunciar como el mayor enemigo de la Iglesia en Europa el neoprotestantismo. Y por supuesto en España, en abundancia. Decía un estudiante de teología de Suiza que el fenómeno allí es que los protestantes se hacen ateos y los católicos protestantes.    Y    es    sin    duda    ninguna el neoprotestantismo el gran problema de la Iglesia en la Unión Europea. Neoprotestantismo que está en la Iglesia española con una vigencia inmensamente mayor de la que normalmente creemos. Y esto lo tenemos que tener muy en cuenta, en especial al plantearnos el tema del asistencialismo y la promoción.

Sin conciencia histórica no es posible de ninguna manera percatarse de la trascendencia trágica del asistencialismo. Pero con conciencia histórica esto se ve con toda claridad, ya que en la historia española del siglo XX el fenómeno del asistencialismo le «resolvimos» matándonos unos españoles a los otros. De manera que cuando hablamos de asistencialismo no estamos hablando de una vagatela, no estamos hablando de algo que da más o menos lo mismo, sino de algo de mucha trascendencia.

En definitiva, históricamente el asistencialismo ha sido una forma de aplastar la dignidad del hombre. Y lo sigue siendo.

El asistencialismo entendido históricamente es la elevación a categoría de sistema, y por tanto a permanente históricamente de la ayuda a los demás, generando la dependencia permanente y sin plantear jamás su promoción personal, integral y solidaria. Es, diríamos por tanto, una postura que niega la dimensión social del hombre, y que niega que sólo el hombre debe ser el protagonista de su vida personal y colectiva, afirmado por Juan XXÍII en el Magisterio de la Iglesia en la Mater et Magistra y afirmado en la historia de los pobres desde el siglo XIX, sin que los cristianos españoles en 100 años nos enteráramos del fenómeno histórico.

Y por promoción entendemos poner en ejercicio todas las cualidades dadas por el creador al hombre de forma personal, integral y solidaria, y ello realizado en colectivos de personas, nunca individualmente.

Si nos damos cuenta, la sociedad ha ido generando mecanismos desde los cuales la promoción se anule. Hay un ejemplo muy claro: las becas. Es evidente que las becas son encadenantes del hombre por sistema. Intentan la promoción individual a costa lógicamente de matar la dimensión social. Es un cauce de descabezamiento de los talentos que Dios pone en los sectores empobrecidos de la sociedad. Y esa vía permite fenómenos históricos de la categoría de la investigación en EEUU, en donde ya más del 50 % de los investigadores son talentos robados por el imperialismo a los empobrecidos de la Tierra. Más del 50% de los investigadores de EEUU proceden del Tercer Mundo. De manera que es evidente que esos caminos de promoción individual son de una gran rentabilidad para el Imperio. Y así a los empobrecidos no sólo se les robará sus riquezas materiales sino también sus riquezas intelectuales, que producen el fenómeno histórico de dejarles sin cabezas. Evidentemente, un cuerpo social sin cabeza es un cuerpo entregado. Es un cuerpo sin posibilidad de valerse a sí mismo, es un cuerpo en dependencia permanente.

Centrados los temas de asistencialismo y promoción, reflexionemos sobre el proceso histórico burguesía-pobres en España, solamente remitido lógicamente a los dos últimos siglos.

2. ASISTENCIALISMO Y PROMOCIÓN EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XIX Y XX.

Nuestro proceso histórico de los dos últimos siglos tiene una característica fundamental: es una historia belicosa, en la que durante más de 150 años de los 200 nos dedicamos a matarnos unos a los otros. Todo el siglo XIX español es un siglo de guerras. Desde el principio con las guerras napoleónicas hasta el final con la guerra de Cuba y Filipinas. Es un siglo guerrero. A lo largo de él perdemos el Imperio; uno tras otro los países iberoamericanos se van independizando de nosotros, evidentemente después de una guerra. En el interior registramos cuatro guerras carlistas, coronaciones y descoronaciones, monarquías y repúblicas, y todo ello a lo largo de ese siglo. El siglo XIX español es un siglo de guerras. Y cuando varias generaciones se suceden en esa línea en la historia dan a ese pueblo un marchamo espiritual concreto: de guerra. Y eso seguimos haciendo a lo largo del siglo XX hasta 1939. Más de un tercio del siglo XX español sigue en las guerras. Y así tendremos dos intentos de revolución en 1917 y 1934; y así tendremos las guerras de África; y así tendremos seis años de dictadura de Primo de Rivera con las consiguientes represiones, como el funcionamiento de la famosa Ley de fugas en donde la policía podría matar sin más en medio de la calle; en donde se practica en la historia de España el crimen de estado como algo habitual, en donde el señor Martínez Anido, ministro del Interior, se dedica a través de la compra de pistoleros a matar a la militancia obrera en las calles españolas;… y todo ello desembocando en esa República del año 1931-1936 la cual fue prácticamente la preparación de la masacre de la Guerra Civil. Ya a los pocos meses de venir la República los españoles nos matábamos en las calles de España. Y así transcurren los cinco años preparando la Guerra Civil, y en medio, octubre de 1934, el intento revolucionario de la clase obrera española.

Es por tanto lógico que la mentalidad del español sea una mentalidad por una parte belicosa y por otra parte, sin conciencia histórica. Queremos olvidar y sin embargo, insisto, olvidar la propia historia es no saber quién es uno mismo.

Después de un proceso histórico como el nuestro, después de 40 años de dictadura de Franco, con todo lo que eso supuso, entre otras cosas 67.000 penas de muerte firmadas por el jefe del Estado ¡en nombre de Dios!, no lo olvidemos: ¡Por Dios y por España! figuraba en las sentencias de muerte; había que cambiar hasta los mandamientos de la ley de Dios y en Valladolid se editó un catecismo que sustituye el No matarás por el Matarás con justicia. Dictadura nacional-católica que quería decir respaldada por una teoría con bendiciones, especialmente de las cuatro grandes órdenes religiosas de España: orden de predicadores, Compañía de Jesús, benedictinos y franciscanos. Y en piedra ha quedado en la historia de España la colaboración, perpetuación, el pago que el Dictador hizo a esas instituciones, de manera que hay hasta una cúpula de una iglesia que tiene 50 centímetros menos de diámetro que la del Vaticano por respeto a la primera iglesia de la Cristiandad y que se le entregó a la Compañía de Jesús en Gijón. Dictadura que está ahí. Los mismos que justificarían teóricamente con el nacionalcatolicismo la dictadura de Franco, los mismos, cuando ya ven a Franco viejo, camino de la sepultura, sentirán necesidad de lavarse la cara, preparándose para lo que sustituyera a Franco, y así nacerá la marxistización de sectores de cristianos promovido desde las mismas cuatro órdenes religiosas, que también van a conseguir con ello sus beneficios -esta vez no tanto en piedra cuanto en subvenciones-.Y así habrá institutos de teología, de filosofía, de fe y secularidad… subvencionados desde el poder en agradecimiento a esas cosas.

Por otra parte, la historia de España está fuertemente influida por el hecho de que las cuatro grandes revoluciones modernas -que en algunos países de nuestro área geográfica, hoy integrados con nosotros en la Unión Europea se tardó cuatro siglos en hacer- en España las hemos hecho en 25 años. Y no ser consciente de esto es no conocer el alma española. Y desgraciadamente, esto tampoco se enseña en los colegios, ni de religiosos ni del Estado. Todos están de acuerdo en matar la conciencia histórica. Me estoy refiriendo a las cuatro grandes revoluciones modernas:

• La primera, la revolución religiosa. La ley de libertad religiosa en España está firmada por Juan Carlos I. Es decir, es de ayer. En nuestro contexto geopolítico actualmente ese problema se planteó hace siglos. España quedó ausente.

  La segunda, la revolución política. En algunos países de la UE esto es cuestión de hace 200 años. En España, salvo ligeros paréntesis históricos que no eran más que tiempo de bonanza para reponer las fuerzas y seguir matándonos, la democracia política tuvo un inciso de un año en el siglo XIX, un intento de democratizar España dirigido por el caciquismo, que era evidentemente otra forma de dictadura; los cinco años de República española que no eran sino la preparación de la matanza del 36; en realidad la democracia burguesa, la democracia formal que es la que marca la revolución política en los pueblos del mundo empezando por los pueblos del Occidente de Europa, también en España se puede decir que empieza con Juan Carlos I. Los paréntesis históricos eran simple toma de fuerzas para continuar matándonos.

  La tercera, la revolución económica, o capitalismo moderno. Uno de los grandes historiadores de la historia económica de España, Vicens Vives, sostiene que el capitalismo entra en España a partir de los años 60 de este siglo, cuando ya países de nuestro contexto geográfico vivían en ese sistema hacía 150 años. Por primera vez es en 1972 cuando en España hay más obreros especialistas que peonaje. Hasta entonces España había sido un país precapitalista, de sociedad rural, de capitalismo terrateniente -que tanto tuvo que ver en nuestra Guerra Civil; que tanto ha tenido que ver en la historia del siglo XIX y XX español -, que quiere decir capitalismo más salvaje todavía que el capitalismo industrial. En definitiva, nuestra Guerra Civil no fue más que una lucha interna entre  el  capitalismo  terrateniente  y  el capitalismo industrial. Evidentemente Franco media dando la victoria al capitalismo industrial y primando al capitalismo terrateniente, que le había financiado la guerra.

  La cuarta, la revolución social. Es Felipe González, el primer presidente de un gobierno español que en definitiva no es más que el signo de que en la historia de España lo social tiene vigencia histórica con capacidad de poder. El gobierno de Largo Caballero en 1936-37 era sobre una parte de España y no sobre España entera. Va a ser Felipe González en 1982 el que realmente con su llegada al poder afirme en la historia de España que España también se plantea la dimensión social de los pueblos.

Todo lo anterior es fruto de que España es Tercer Mundo hasta hace 40 o 45 años. España en el orden económico en los años 50 tenía una renta inferior a la de Honduras hoy, que es de los países con menos renta de Iberoamérica. Y no digamos si nos metemos con el problema de la enfermedad, del dolor, de la ignorancia, del analfabetismo, España es un país que posiblemente el 40 % de su población haya vivido la España del Tercer Mundo. Pero claro, es preferible hablar de un Tercer Mundo desencarnado que de un Tercer Mundo encarnado. Y ahí habría que empezar a romper esa ignorancia premeditada que tenemos en la conciencia histórica española de que España era Tercer Mundo hace 40 o 45 años. Con todas las consecuencias.

No podemos dejar de plantearnos el proceso histórico español con toda la dialéctica burguesía-pobres que entraña, con toda la dialéctica fuertes-débiles que entraña, con la tragedia religiosa de lo que el Papa Pío XI llamó la apostasía de la clase obrera, -que yo creo que en España no fue apostasía sino expulsión, que es mucho más grave. La clase obrera europea quizás fuera apóstata; la obrera española fue expulsada. De manera que era normal que los anarquistas que ponían bombas, llevaran también el escapulario-. Ese vivir de espaldas a la realidad evangelizadora de los pobres se realizó con un cristianismo asistencial. Se sustituyó la evangelización de liberación por la evangelización asistencial, y ello llevó a la tragedia de la apostasía de la clase obrera -que, insisto, creo que fue expulsión y no apostasía- y ello llevó a un hecho misionero que se está enterrando en la conciencia de los cristianos españoles o, lo que es más triste, las tesis doctorales que se están haciendo sobre ello, todas las que conozco, mienten. Y mienten premeditadamente. Y se las premia Cum laude. Pero mienten. Y me estoy refiriendo al hecho del apostolado obrero. Frente al problema de la apostasía de la clase obrera la Iglesia reacciona en misión, pero reacciona el Papa Pío XII – no lo olvidemos nunca- e impone a la Iglesia de España que se realice esa misión. Y en 1945 llamará al cardenal Plá y Daniel, Primado de España y le urgirá al apostolado obrero. Y el cardenal de Toledo -y no creo que más de un par de obispos más- aceptan esto con alegría. El Cardenal nos diría en 1947 a los militantes del apostolado obrero: El día que el Papa me encomendó esto, ya sabía que los cardenales de Toledo en su mayoría han muerto con los zapatos puestos y que es muy posible que a mí me espere la misma suerte. Pero ni siquiera se han escrito las polémicas y hasta el atentado que sufrió en el catoliquísimo régimen de Franco el Cardenal Primado de España. De eso, no se escribe.

Así pues, ciertamente, salvo excepciones, el apostolado obrero en la conciencia de los cristianos españoles en 1946 no cabía. Y no cabía porque los cristianos españoles estábamos condicionados por un trágico casamiento entre Derecha-Iglesia. Decía Mons. Moro Briz -entonces obispo de Ávila- que la tragedia mayor de la Iglesia española en el siglo XX había sido la tragedia de la identificación entre Derecha e Iglesia. Y creo que tiene razón.

El apostolado obrero, sin duda, va a ser un movimiento misionero que va a hacer posible tender los puentes Iglesia-clase obrera, que impedirán una segunda guerra civil. Pero esto tampoco ha sido reconocido. Todo lo que hace relación a esos 30 años de misión en España es algo que, o bien no se ha estudiado, o se está estudiando bajo el prisma político de Santiago Carrillo que sostenía que el apostolado obrero nace en España a finales de 1960, cuando en realidad había nacido 20 años antes. Y curas y universidades pontificias incluidas, están aceptando la tesis de Carrillo, mentira histórica. Y ahí están las tesis escritas.

Un gran movimiento misionero que demostró su eficacia haciendo que no fuera necesario otra vez que los españoles bajáramos a la guerra interna para resolver nuestras diferencias. Y que evidentemente hoy, bajo el sistema imperialista actual, se silencia o se desvirtúa. Pero que está ahí. Y que si algo tuviéramos que aportar a la evangelización en intensidad en Iberoamérica, sería nuestra experiencia evangelizadora entre pobres aquí. Este es el gran patrimonio que debiéramos hacer llegar a los pobres del Tercer Mundo, para que cogieran lo que les valiera y tiraran lo que no les valiera.

Pero evidentemente, por todo lo dicho anteriormente, la evangelización en Iberoamérica se ha hecho desde una Iglesia fundamental y mayoritariamente casada con la Derecha. Desde una mentalidad así, por una parte individualista y por otra parte paternalista-asistencialista, no podía haber promoción. Y eso explica que en Iberoamérica no haya militantes cristianos. 

3. CARACTERÍSTICAS EN IBEROAMÉRICA HOY.

También en Iberoamérica, por la propia historia que allá hemos construido desde Europa, nos encontramos hoy con un fenómeno parecido al de principio de siglo español: España no era un país industrial, sino terrateniente en donde el capitalismo terrateniente gobernaba la vida española, como hoy sucede en Iberoamérica. España era un país creyente, y creyente católico. Iberoamérica también. España era un país en el que la Iglesia se identificaba con la derecha. En Iberoamérica mayoritariamente también, aunque se hayan generado, a costa del sufrimiento y la muerte, islotes como Nicaragua, El Salvador o Cuba. Pero hay ahí un gran interrogante: ¿Qué va a pasar si la lucha por la justicia es encabezada en Iberoamérica por ateos? Ya ha sucedido. En España sucedió. En Brasil también. En Nicaragua también. En El Salvador también. En Cuba también. ¿Qué va a pasar? Y es evidente que la necesidad de justicia en Iberoamérica no la niega nadie que tenga sentido común. Se vive en situación de opresión. Y de opresión flagrante y de opresión ignominiosa. Pero, ¿qué va a pasar si eso sucede?

El asistencialismo vive radicalmente fomentando esa situación. El asistencialismo, por principio, no se plantea la lucha por la justicia. El asistencialismo, por principio, en la historia de España o en la historia de Iberoamérica, se plantea maquillar la injusticia, negando la injusticia existente la maquilla hasta para que parezca bien. Y esta es una de las graves cuestiones que nuestro asistencialismo puede plantear a los pueblos hermanos de allá. ¿Quién va a encabezar la lucha por la justicia en esas sociedades? Creo que esta es la gran interrogante. Y lo demás -hacer comedores,…-, no hablemos de ello. El problema es un problema radical de lucha por la justicia. Y, o se consigue lo que no se ha hecho hasta ahora: promoción de militantes cristianos que encabecen allí la lucha por la justicia: militantes de allí -de los que no hubo ni en Cuba, ni en Nicaragua ni en El Salvador-, o evidentemente el futuro de la evangelización en Iberoamérica no es nada sonriente. Y por último, la realidad de allí está marcada por haber sido misionada mayoritariamente por españoles que aplicaron la evangelización en extensión para los pobres, y evangelización en intensidad para las oligarquías, igual que en España, ello asentado en esa máxima de evangelización que durante siglos ha primado -como era lógico en una sociedad individualista- : evangelizar al rey suponía evangelizar el reino. Y esto que en tiempos de los reyes era lógico -la cultura era individualista: evangelizar al de arriba suponía que los de abajo debían aceptar la fe por narices- , en nuestro tiempo es irracional: con el industrialismo en la historia entró el descubrimiento de la condición social del hombre y empieza a dejar de ser realidad este principio.

La historia, -que es en definitiva la evolución de los pueblos hacia la libertad, al encuentro con Dios, único triunfador de la historia, no sólo de la eternidad- ha dejado atrás este principio, y nos urge a plantearnos seriamente una evangelización personalizadora. Y se acabaron las cadenas de que evangelizar al rey era evangelizar al reino. Con todo lo que esto tiene que suponer en los planteamientos pastorales y evangelizadores de los cristianos.

Mientras primara este principio, la teoría de minoría selecta era lógica. Si los de arriba tenían la influencia de evangelizar a los de abajo sólo con su presencia en la Iglesia, había que aplicar eso a la sociedad que entraba en la sociedad burguesa evangelizando minorías selectas. El gran apóstol de eso era Mons. Herrera Oria, que desde 1910 hasta que muere en los años 60 se dedica en toda su tarea evangelizadora a las minorías selectas, junto a todas las órdenes religiosas en España y a la inmensa mayoría de los cristianos organizados.

Frente a ello, el apostolado obrero establece un principio radicalmente opuesto: el principio de la promoción frente a la minoría. La clase obrera no puede ser evangelizada con principios de minoría selecta. Los pobres no pueden ser evangelizados bajo prismas o principios de minorías selectas o líderes. Y no hay revista, incluidas todas las de los teólogos de la liberación, que no hablen de la promoción de líderes. Y eso es anti pobre. Los pobres en ningún país de la historia , en ningún país del mundo han intentado abrir marcha al protagonismo suyo en la historia a través de minorías, sino a través de promoción.

La evangelización en extensión se caracteriza, en primer lugar, por no tener ni calado ni raíces. En segundo lugar, por ser asistencial. En tercer lugar, por establecer la dependencia permanente. En todo el siglo XIX y en el siglo XX esto también se vivió en la vieja Europa.

La evangelización en intensidad es compartir con los empobrecidos en primer lugar la conversión religiosa, con la consiguiente espiritualidad bautismal de encarnación. Y digo en primer lugar porque no se hace. Igual que en Europa. La evangelización en intensidad debe caracterizarse porque parte de la conversión: y negar esto, es negar toda la Biblia. La Biblia se puede resumir en una sola palabra: llamada de Dios a la conversión. Y vivimos en un cristianismo que hace 50 años Pío XII llamó falso. Entre nosotros, en nuestro cristianismo, hay corrientes de falso cristianismo, que empiezan por negar el punto de partida del cristianismo: la conversión: el hecho más importante de la vida religiosa, según el cardenal Ratzinger. Y nadie se lo plantea hoy en España. Conversión y espiritualidad bautismal de encarnación son el cimiento de la evangelización en intensidad. Basta ya de decir que hemos evangelizado yendo una vez cada dos meses a decir misa a una aldea. Y mucho más grave si a medio kilómetro hay un colegio religioso con 800 niños y 7 curas.

En segundo lugar, la evangelización en intensidad nos lleva a luchar por el derecho a la cultura y a la educación de los empobrecidos según los talentos que Dios haya puesto en cada ser. Y esto va a llevar mucho sufrimiento intraeclesial. Muchos hermanos cristianos lo van a combatir. Esta sociedad que se caracteriza por la opresión desde el saber, no se puede permitir que los empobrecidos sepan.

En tercer lugar, será imprescindible edificar una red solidaria para la lucha. Es necesario plantearnos a fondo la necesidad de una red solidaria desde la solidaridad como instrumento de lucha evangelizadora de los pobres.

En cuarto lugar, protagonismo político de los pobres. Por voluntad de Dios, Padre creador, en la naturaleza humana quedó impreso para siempre que hombre y mujer sólo nos realizamos en la medida que protagonizamos nuestra vida personal y colectiva; sólo personalizamos aquello que encarnamos. La verdad religiosa sé pierde cuando no se vive. Toda verdad que el hombre vaya descubriendo en la vida y no encarne, la pierde. Por tanto, o los pobres encarnan el protagonismo de su vida personal y colectiva, o no estaremos haciendo evangelización en intensidad. Sabiendo que esto seguirá chocando abiertamente con una religiosidad de sistema establecido. 

Cuestionario:   

1. ¿Qué son para nosotros el asistencialismo y la promoción y qué valoración hacemos de ellos?

2. ¿ Qué síntesis histórica tenemos de la experiencia liberadora de los pobres en España?   

3. ¿Es posible la evangelización en Iberoamérica cultivando la dicotomía extensión-intensidad o es indispensable superarla con promociones de pobres que la hagan desaparecer? ¿Por qué?

4. ¿Es posible la nueva evangelización en la Unión Europea sin militantes cristianos laicos? ¿Por qué?