La liberación de los miserables, de los oprimidos y de los perseguidos es misión de la Iglesia

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Mensaje del Papa Francisco a los miembros de la Comisión Internacional Católica para las Migraciones

El Pontífice afirmó – tal como en su momento lo había hecho San Juan Pablo II, haciéndose eco, a su vez, de las palabras del Papa Montini – que la causa de este organismo es la misma causa de Cristo. Y destacó que esta realidad no ha cambiado con el tiempo sino al contrario, puesto que han reforzado su empeño “teniendo en cuenta las condiciones inhumanas en las que se encuentran millones de hermanos y hermanas migrantes y refugiados en diversas partes del mundo”.

Sí, porque como recordó el Santo Padre, tal como sucedió en la época en que el pueblo de Israel vivía en Egipto en la esclavitud, “la liberación de los miserables, de los oprimidos y de los perseguidos es parte integrante, hoy como ayer, de la misión que Dios ha encomendado a la Iglesia. Y el trabajo de su Comisión representa una expresión tangible de ese empeño misionero”.

Y si bien es cierto que muchas cosas han cambiado desde el año de su fundación, 1951, el Papa afirmó que las necesidades se han vuelto cada vez más complejas, así como los instrumentos para afrontarlas se han hecho más sofisticados y el servicio más profesional. De hecho, en estos 65 años de actividad, la Comisión se ha distinguido en la realización, en nombre de la Iglesia, de una obra poliédrica de asistencia a los migrantes y a los refugiados en las más diversas situaciones de vulnerabilidad.

Haciendo alusión a su Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del refugiado del 15 de agosto de 2017, el Papa Bergoglio les dijo:

“Las múltiples iniciativas iniciadas en los cinco continentes representan declinaciones ejemplares de los cuatro verbos  – acoger, proteger, promover e integrar – con los cuales he querido explicitar la respuesta pastoral de la Iglesia frente a las migraciones”.

Tras desear que esta obra siga animando a las Iglesias locales para que se prodiguen en favor de las personas constreñidas a dejar su propia patria, lo que hace que se conviertan, con demasiada frecuencia, en víctimas de engaños, violencias y abusos de todo género, el Obispo de Roma animó a esta Comisión, gracias a su experiencia, a ofrecer una asistencia calificada a las Conferencias Episcopales y a las Diócesis que aún están tratando de organizarse para responder mejor a este desafío histórico.

Para liberar a los oprimidos, a los descartados y a los esclavos de hoy – dijo el Papa hacia el final de su discurso – es esencial promover un diálogo abierto y sincero con los gobernantes, un diálogo que atesora la experiencia vivida, los sufrimientos y las aspiraciones del pueblo, para llamar a cada uno a sus propias responsabilidades”.

Y añadió que “los procesos comenzados por la comunidad internacional hacia un pacto global sobre los refugiados y otro por una migración segura, ordenada y regular representan un espacio privilegiado para realizar semejante dialogo”. A la vez que recordó que “en esto la Comisión se ha empeñado en primera línea ofreciendo una contribución válida y competente para encontrar esos nuevos caminos que desea la comunidad internacional, para responder con prontitud a estos fenómenos que caracterizan nuestra época”.

Francisco manifestó su satisfacción por el hecho de que muchas de las Conferencias Episcopales representadas en este encuentro están caminando en esta dirección, en una comunión de propósitos que testimonia al mundo entero la solicitud pastoral de la Iglesia hacia nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados.

Y concluyó diciendo: “El trabajo no ha terminado. Juntos debemos animar a los Estados a concordar respuestas más adecuadas y eficaces a los desafíos que plantean los fenómenos migratorios y podemos hacerlo en base a los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia”.

El Papa a la Comisión Católica para las Migraciones

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