Los nadies de Calais

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“Si pagas, pasas, eso es seguro. Antes, los días de lluvia, la policía salía menos y era más fácil subirse a un camión, pero ahora también hay gente con cuchillos -de la mafia- que te impiden subirte si no has pagado”, me comenta un migrante que espera en Calais poder cruzar al Reino Unido.

En estos momentos puede haber unos 700 exiliados durmiendo a la intemperie en Calais. Los grupos mayoritarios son los afganos y los eritreos, y en menor medida migrantes de más de 20 nacionalidades. Hay gente recién llegada de Libia, que nos cuenta el infierno vivido: “Pasé cerca de un año y medio atado de pies y manos hasta que mi familia pudo reunir el suficiente dinero para liberarme. Éramos  tantos encerrados en aquel lugar que ni siquiera podía dormir tumbado totalmente estirado. Mi interlocutor, que seguramente no pasa de los 18 años, gesticula la posición en que dormía -de lado y con las piernas encogidas-. También hay migrantes que quieren probar suerte en Reino Unido tras no haberla obtenido en otros países. Mayoritariamente son jóvenes varones, también mujeres muy jóvenes, muchos menores, y algunas familias. Muchos duermen invisibilizados entre matorrales  en el bosque de Verrotières en la periferia de Calais. Incluso con temperaturas bajo 0, la policía francesa (los CRS) les acosa, destruye objetos personales, y les requisan sacos de dormir, abrigos y pertenencias que tengan para pasar la noche. Voluntarios y organizaciones reparten alimentos y abrigos que la policía volverá a requisar.

A principios de febrero, alguien –que podemos presumir vinculado a la red afgana- se acercó armado durante uno de los repartos de comida, donde habría unas 150 personas, y abrió fuego contra varios migrantes. Hubo una veintena de heridos, entre ellos, 4 por bala, uno de los cuales, un joven eritreo, está en estado bastante crítico. Cuando la policía intervino, separó afganos de africanos.

El ministro de interior Gérard Collomb se desplazó esa misma noche a Calais para apoyar la actuación policial. Al día siguiente los medios recogían varias fotos del ministro con los mandos policiales explicándole, ante mapas de la zona, la intervención de los CRS para reducir la explosión de violencia de los migrantes, en una puesta en escena que simplifica una realidad compleja y criminaliza a los migrantes en su conjunto. La presidenta de Caritas Francia, Veronique Fayet, criticaba días después a través de una tribuna en el periódico Le Monde “que los violentos enfrentamientos son responsabilidad de los traficantes, pero también son la consecuencia de la política absurda llevada a cabo por el ministro del interior”.

A pesar de que varios migrantes dicen poder reconocer al autor de los disparos, no se ha producido ninguna detención. La Prefectura ha expresado, en reuniones con las organizaciones, que no tiene intención de enviar a la policía al bosque de Verrotières a preguntar por el autor de los disparos. El resto no entendemos que alguien que haya cometido un crimen circule libremente por un país europeo con un arma. “Sabíamos que esto pasaba en otras partes, pero no aquí. Es inadmisible”, me comenta desconcertado un voluntario francés que trabaja sobre el terreno. “Hay un joven en el hospital, que va a quedar paralítico de por vida, sin familia, en un país que no conoce ni habla su lengua… ¡Es peor que la muerte! Y el autor anda impune libremente, ¡no lo entendemos!”, me comenta un líder eritreo. Uno incluso puede llegar a tener la sensación de que esta impunidad tolerada sea un elemento de disuasión más, como lo son las vallas, las cuchillas, o las cámaras de vigilancia. Espacios de “no ley” para los “no ciudadanos”, los “invisibles”, los “nadies”.

Autor: Juanjo Peris.

Fuente http//blog.cristianismeijusticia.net/2018/03/06/los-nadies-calais

 

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