«Ora et labora» (Guillermo Rovirosa)

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Es preciso orar y trabajar.

Orar, puesto que nada podemos sin el auxilio de lo alto; trabajar como si todo dependiera de nuestro esfuerzo personal.

En tiempos tranquilos los cristianos pueden cumplir con su deber practicando las obligaciones de su estado, y observando los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia; en lo civil, cumpliendo las leyes y ejerciendo honestamente su profesión.

Pero en tiempos de peligro de guerra todo el panorama cambia.

Ahora es cuando hay que dar la cara, y olvidar los pequeños gustos personales, poniendo de acuerdo la conducta con la doctrina.

Siempre ha habido apóstatas, porque nunca han faltado almas débiles, almas rastreras, almas viles. No hemos de maravillarnos de ello; lo peor sería que alguien tratara de rehabilitar a estos desertores y alabarlos por su prudencia; lo cual hemos visto alguna vez.

¡Ay de los resignados, que disfrazan su cobardía con nombre de virtud!

Los que se lamentan o recriminan. Y se quedan tan contentos creyendo que han hecho cuánto debían y no se les puede pedir más… Malditas murmuraciones que fomentan la división, la envidia, la discordia, y conducen a la derrota catastrófica. ¡Cuántas veces oímos aquél insoportable «Ya lo decía yo» en boca de los que nada han dicho, o habían dicho todo lo contrario!

Los que esperan la revuelta, para que todo se arregle, como si alguna vez el orden pudiera ser fruto del desorden.

Para nosotros, nuestra consigna permanente ha de ser: Ora et labora.

¿Cómo hay que orar? ¿Cómo hay que laborar?

¡Como manda la Iglesia!