El papel del laico en la política de Venezuela

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En una entrevista reciente el expresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana,  Mons. Ovidio Pérez, nos recuerda a los laicos la responsabilidad con respecto “al actual desastre venezolano”, al tiempo que nos exhorta a desmitificar la alergia a la necesidad de actuar en política

La Iglesia Católica está formada casi en su totalidad por laicos; por ellos, su tarea propia “es transformar las realidades temporales según el espíritu de Cristo, según el evangelio”.

Lo afirma monseñor Ovidio Pérez Morales, en la que recuerda el espaldarazo del Concilio Plenario de Venezuela al protagonismo del laico.

“Estamos viviendo una gran crisis en la cual los católicos y el mundo de laicos tienen que examinarse. Eso ha sido producto de una falla tanto de la formación del laico como de su presencia activa en la sociedad, porque quienes han llevado a Venezuela a este desastre no son extraterrestres. No es gente venida en OVNIS, sino gente de este país que se considera católica y que son en su mayor parte católicos. ¡Hay que hacer un examen!”.

 

Pero también es un tema de formación. ¿Correcto?

-Sí. Viendo hacia el futuro, hay que insistir en la formación del laicado en lo que respecta a su misión específica y propia. Porque el laico está llamado a contribuir, pero hacia fuera, hacia el mundo, en lo que constituye la cultura en su sentido más expresivo, el cual comprende: la economía, la política y lo ético-cultural, lo ético-religioso.

 

Muchos se escandalizan cuando se afirma que los laicos tienen que actuar en política

-Exactamente. Y esa es una matriz de opinión que es necesario cambiar, porque para el laico católico, para el laico, su misión propia es la presencia en el mundo: en la vida económica, en la vida política, en la vida más ético cultural.

Y hay una presencia transformadora con los valores del evangelio. Porque no se trata simplemente de estar presente en el mundo, pues se puede estar presente en el mundo haciendo mal y haciendo bien; se puede estar también como mero espectador, aunque de una u otra forma se participa.

El laico no puede estar en el mundo viendo pasar los trenes. Tiene que subirse a ellos, asumirlo y colaborar en la conducción de esos trenes hacia el objetivo del bien común, para lograr una nueva sociedad, lo que los papas suelen llamar la civilización del amor.

 

En ese marco, ¿cómo se debe entender la política?

-Y se tiene que decir que la fe, el evangelio y la Iglesia tienen una dimensión política. Lo que se llama la dimensión de la nueva sociedad, lo que implica atender las realidades temporales, las realidades mundanas, con el espíritu del evangelio: cómo organizar para que funcione bien la familia, cómo manejar la economía(para) que no sea salvaje sino solidaria, cómo manejar la política, donde el poder no sea una dominación sino como servicio.

Se debe entender la política como un modo privilegiado de ejercer el amor y el servir. Mientras que la educación y la comunicación social deben contar con los valores de la justicia, con gran altura moral, espiritual y de solidaridad.

 

¿Cuál es el desafío de los laicos en este aspecto?

-El laico es sumamente importante. Y si algún desafío hay en Venezuela hacia el laicado es su presencia activa y transformadora.

Además, hay que entender que el ser humano es inevitablemente político; quiérase o no, está metido en una sociedad en la que de un modo u otro participa: del modo malo o del modo bueno. De modo inteligente o cometiendo tonterías.

 

Muchos lo interpretan como simple alusión al bien común… ¿Dónde queda la política partidista?

Cuando se habla de política, también se tiene que abordar la acción política partidista. Los laicos tienen delante de sí varias opciones. No hay una opción político partidista que monopolice la presencia del laicado.

Hay casos en los cuales ese abanico es más estrecho y otros los que se amplía. O se vota por el malo o se vota por el bueno.

 

O por el menos malo…

-Ciertamente es cuestión de opciones. Pienso en la Italia de la posguerra. Ahí había una alternativa: el partido comunista o la democracia cristiana, ahí no había más.

Hoy la situación ha cambiado: el abanico se extiende a más opciones. Pero es importante que muchos laicos entiendan que tienen que trabajar en lo político partidista porque eso es esencial o connatural a la democracia.

Es la repartición de la gente de acuerdo con la realización de determinados proyectos que tienen que ver con la suerte de la comunidad política. Son precisamente los que tienen capacidad de mando…

Todos los cristianos, chiquitos y grandes, tienen que recibir una formación para la política.

El Papa Juan Pablo II en la exhortación sobre la catequesis dice muy expresamente que la enseñanza social de la Iglesia tiene que estar presente desde las etapas o escalones más elementales.

Se tiene que formar para la vida en sociedad, para una vida responsable y corresponsable, para el manejo de las realidades temporales, siempre según el espíritu del Señor, y ése es el espíritu del Evangelio.