Prioridad de la familia frente a la sociedad y al Estado

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La dimensión familiar debe ser la perspectiva vital, cultural y política de toda la sociedad y también de la economía

 

Papa Francisco, Discurso a los participantes en el encuentro de «Economía de Comunión» (feb 21017)

La cultura del encuentro se aprende ante todo en la familia. Por eso la Iglesia la considera como la primera sociedad natural y la coloca en el centro de la vida social. En ella se experimenta la socialidad humana antes de «salir a la sociedad».

Una sociedad a medida de la familia es la mejor garantía contra las desviaciones individualistas o colectivistas, porque en ella la persona es siempre un fin y nunca un medio.

La Iglesia siempre ha afirmado la prioridad de la familia respecto a la sociedad y al Estado, con los cuales rige el principio de subsidiaridad.

La familia es un espacio de comunión gracias al dinamismo del amor, dimensión fundamental de la experiencia humana.

La familia es lugar eminente de educación, solidaridad y participación.

Además, la relación que existe entre la familia y la vida económica es central para la sociedad.

La «economía» -conviene repetirlo- nació del trabajo doméstico: la casa ha sido y sigue siendo en muchos países una unidad de producción y un centro de vida, y esta capacidad productiva la irradia en muchos casos creando redes cada vez más amplias, redes de producción y de intercambio de bienes y servicios.

La familia, pues, se ha de considerar protagonista esencial de la vida económica de los países, dirigida no por la lógica del mercado, sino de la compartición y de la solidaridad entre generaciones.

Para la familia el trabajo es esencial por cuanto representa la condición que hace posible su fundación y su subsistencia.

Para tutelar esta relación entre familia y trabajo, un elemento que se debe apreciar y salvaguardar es el salario familiar.

Y en la relación entre familia y trabajo se ha de reservar gran atención al trabajo de la mujer en la familia, la «tarea de cuidar», que reclama también la responsabilidad del hombre como marido y como padre.

Para la calidad de esta aportación social es necesario que las instituciones civiles y del Estado reconozcan la prioridad de la familia sobre cualquier otra comunidad (pero sin conflictos ni competencia) como algo necesario. Porque la dimensión familiar debe ser la perspectiva vital, cultural y política de toda la sociedad y también de la economía.