QUE ES LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

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DSI Las principales ideologías que en los últimos siglos han propuesto  soluciones diversas a la cuestión social son  el capitalismo, el socialismo, el anarquis­mo, el comunismo y otras formas totalitarias.
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Desde una perspectiva diferente, basada en el evangelio, nació la Doctrina Social de la Iglesia.
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Como es bien sabido, desde sus orígenes, la Iglesia se ocupa de los pobres. Pero al plante­arse la cuestión social de forma nueva, comenzó una enseñanza nueva. Sur­gió como respuesta a la situación social producida por la industrialización. La reflexión social de la Iglesia se produjo, desde su comienzo, en polémica con otras dos reflexiones sobre los mismos hechos (capitalismo y socialis­mos), que con el tiempo se convertirán en sistemas sociopolíticos y en ideo­logías.

Consideraciones generales
Bajo este nombre (Doctrina Social de la Iglesia: DSI) nos referimos a la enseñanza pontificia o del Concilio sobre cuestiones sociales aparecida a partir de Rerum Novarum (15-5-1891) añadiendo a ella las ense­ñanzas de los obispos (el Magisterio Episcopal) y teólogos (la Moral Social).

Comprende documentos de diverso rango:

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⦁  Encíclica.
⦁  Exhortación Apostólica.
⦁  Carta Apostólica.
⦁  Radiomensaje.

⦁  Una encíclica es una carta que un Papa dirige a toda la Iglesia, o a toda la humanidad o a un sector de ellas. (Encíclica significa carta circular). Se de­nomina —y lo mismo ocurre con otros tipos de documentos pontificios— con las primeras palabras del original latino. De rango semejante es la Ex­hortación apostólica.
⦁  Una Carta Apostólica es un escrito de un Papa, dirigido a una persona o a un grupo, con deseo de publicidad.
⦁  Los Radiomensajes son mensajes papales transmitidos por radio: Pío XII utilizó esta forma de comunicación con la Iglesia, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
⦁  Una Pastoral es un documento de un obispo o grupo de obispos dirigido a los fieles encomendados a su cuidado.
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La DSI existe por fidelidad al Evangelio. Es claro que Jesús invita a vivir una forma de vida y una actitud, que afecta también a las cuestiones económicas, sociales y políticas. Nada de esto queda fuera del estilo de vida cristiano.
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Por otra parte, es evidente que la situación social, económica y política ha ido cambiando en cada país a lo largo del tiempo. Para ayudar a los creyen­tes a responder cristianamente a su deber en esas situaciones cambiantes, el Magisterio de la Iglesia ilumina las conciencias de los fieles, aplicando el Mensaje de Jesús a cada situación.
¿Doctrina? ¿Enseñanza? ¿Pensamiento?
Ya desde su aparición, los primeros documentos sociales de la Iglesia pre­tendían orientar, desde una perspectiva moral cristiana, ante situaciones concretas. Desde fuera de la Iglesia e incluso en algunos círculos eclesiales, se discutió que la Iglesia debiese enseñar sobre estos temas. Se argüía que es­tas cuestiones no pertenecen a la tarea de la Iglesia.
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Los Papas y los teólogos fueron haciendo ver que el Evangelio afecta tam­bién a estas cuestiones. Fue además quedando claro que los que lo negaban lo hacían desde su propio interés, para poder actuar con menor atención a normas morales. Como consecuencia del empeño de la Iglesia por defender su derecho a enseñar sobre estas materias desde una perspectiva moral, se fue imponiendo el nombre de Doctrina Social de la Iglesia. Se utilizó esta ex­presión por primera vez en la respuesta de la Congregación del Concilio al Cardenal Lienart (1929).
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Por eso, Juan XXIII, consciente de que la Iglesia es «Madre y Maestra», hace en MM 218 y ss. una decidida apología de la DSI:
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⦁  Es de perenne eficacia (MM 218), en contraposición con las ideologías que han querido prescindir de Dios y se han disipado como nubes (MM 217).
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⦁  Su principio capital es: el hombre, que  es necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales (MM 219).
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⦁  Por eso defiende la dignidad de la persona y puede ser aceptada por todos (MM 220).
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⦁  En consecuencia, debe ser estudiada y practicada (MM 221-227), utilizando el método de ver, juzgar y actuar (MM 236), tarea esta última, que incumbe espe­cialmente a los seglares (MM 240-241).
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Más tarde se fue abriendo paso una doble convicción:
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⦁  Los documentos de la DSI están dirigidos a situaciones muy distintas. No son idénticas las condiciones de vida en EE.UU., África, Europa del Este o del Oes­te, América del Sur, etc. Y, por tanto, no son idénticos los problemas que exis­ten en cada una de estas situaciones. Ni son iguales las obligaciones de cada uno: ya la parábola de los talentos indica que quien recibió diez está obligado a dar más que quien recibió cinco.
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⦁  A lo largo de las distintas épocas, van cambiando o modificándose los proble­mas: algunos desaparecen o se solucionan, surgen otros nuevos y todos deben plantearse de nuevo. Por eso las soluciones dadas en una época no pueden sin más aplicarse a otra.
Por todo ello se fue abriendo paso una nueva forma de denominar lo que hasta entonces se había llamado Doctrina. Se van prefiriendo nombres más matizados: Enseñanza Social de la Iglesia, Pensamiento Social Cristia­no, que subrayan que sus contenidos, necesariamente cambiantes, no tienen la misma firmeza que la doctrina sobre Dios, la Eucaristía, etc.
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⦁  A partir del Concilio Vaticano II crece la conciencia de que las ciencias socia­les, económicas y políticas tienen una autonomía propia, que el Concilio reco­noce (Gaudium et Spes, 36). Por eso más que de «Doctrina», prefiere hablar de «principios de justicia y equidad inspirados en la recta razón» (Gaudium et Spes, 63).
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⦁  Pablo VI (Octogésima Adveniens, 4, 49-50), declaró expresamente que la Iglesia no tiene una palabra única que decir ante los problemas sociales y que una misma fe puede llevar a soluciones distintas. Por eso animó a los cre­yentes a actuar en conciencia, unidos a la Iglesia y apoyándose en su ense­ñanza. Y encargó a las comunidades cristianas, en unión con sus obispos y con el Papa, a descubrir la propia tarea cristiana en las situaciones que les to­ca vivir.

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Más tarde, Juan Pablo II volvió a tratar este tema, especialmente en tres documentos:

⦁  La Segunda Instrucción sobre la Teología de la Liberación (1986), que aun­que no está firmada por el Papa está publicada siguiendo una orden suya.
⦁  La encíclica Sollicitudo Rei Socialis (1987).
⦁  La encíclica Centesimus Annus (1991).