El compromiso político es la forma más elevada de amor

REHABILITAR LA POLÍTICA

El Papa Francisco en Evangelii Gaudium 205 y en la entrevista publicada en La Vanguardia el 13.06.2014 recomienda la carta pastoral de los obispos franceses Réhabiliter la politique (17 de febrero de 1999).

– Solidarios del género humano, los cristianos y las cristianas no pueden hacer caso omiso de las realidades de este mundo envuelto en una mutación rápida y sin precedentes en todos los ámbitos. Participan, con todos, en la construcción continua del futuro de su ciudad, su región, su nación, Europa, la comunidad de naciones y la humanidad al completo.

– La acción política se plantea un reto excepcional: tender hacia una sociedad en la que cada ser humano reconozca a su hermano en cualquier otro ser humano y lo trate como tal.

– La organización política existe por y para el bien común, que es algo más que la suma de intereses particulares, individuales o colectivos, a menudo contradictorios entre sí. Comprende el conjunto de condiciones de vida social que permite a los hombres, familias y agrupamientos sentirse realizados de forma mas completa y sencilla.

– Es imposible negar la nobleza del compromiso político.

– Para participar en la grande y bella tarea de «convivir», nuestra fe cristiana nonos ofrece ni instrumentos originales de análisis y estrategia, ni modelos institucionales que aplicar. Sin embargo, nos incita a contribuir a la búsqueda común junto a todos los hombres de buena voluntad. Nos ofrece determinadas referencias éticas y espirituales que podemos compartir con muchos de nuestros contemporáneos que no tienen nuestra fe.

– La fe cristiana ofrece… un sentido

Nuestra fe cristiana nos propone un sentido capaz de orientar toda la existencia personal y colectiva. El hombre, creado libre y responsable a la imagen de Dios, debe continuar la obra del Creador, cuyo objetivo consiste en reunir toda la humanidad en el Cuerpo de Cristo resucitado.

– … referencias

Nuestra fe cristiana nos ofrece igualmente referencias que iluminan nuestra reflexión e inspiran nuestra acción.

1 – La primacía de la dignidad de la persona.

2 – La atención particular prestada al pobre,  al débil, al oprimido, vivas imágenes del Cristo encarnado.

3 – El poder concebido como un servicio, no como una dominación:

4 – El respeto al adversario: él también tiene su parte de razón.

5 – La apertura al universalismo, especialmente rebasando todo nacionalismo y racismo.

6 – El reparto y el destino universal de los bienes.

una esperanza

A lo largo de las épocas y en las distintas civilizaciones, las sociedades humanas han experimentado múltiples tipos de organización política. En la actualidad, intentamos lograr la «convivencia» en el marco de la democracia.

No obstante, la democracia engendra demasiado a menudo el desencanto y la morosidad de los que la heredan. Parece estar envejeciendo y sufrir anemia; revela algunos de sus límites y de sus fragilidades. Muchos ciudadanos se convierten en consumidores que cada vez reclaman más derechos garantizados, aceptando siempre menos deberes compartidos. Y es que la democracia no es una circunstancia surgida de forma espontánea ni un logro definitivo, sino el resultado de combates de generaciones sucesivas, que cada generación debe retomar y llevar a cabo por su cuenta.

– La causa principal de la fragilidad de nuestras democracias reside en esta invasión del individualismo extremo, del «para uno para sí mismo», fruto de un liberalismo que rechaza cualquier coacción y de la permisividad generalizada que permite que cada uno haga lo que le plazca. Viviendo en un imaginario social en el que dominen el miedo al futuro y la ausencia de un proyecto global, los ciudadanos, prisioneros del instante y de la emoción, se aterran a sus ventajas, piden al Estado-providencia que les tranquilice y que les aporte resultados inmediatos.

– La democracia necesita virtud, tanto para los dirigentes como para los propios ciudadanos. Precisa una ética que descanse en un sistema de valores esenciales: libertad, justicia, igualdad de dignidad de las personas, lo que denominamos el respeto de los derechos del hombre.

– Cada uno porta su propia fecundidad social que hay que valorar. Pasar del estado de ciudadano-consumidor al de ciudadano-actor es un objetivo fundamental. La política es obra de todos. Resulta vano esperar de la clase política, de los dueños de las empresas, de la policía, de los magistrados y de los detentores del poder un civismo que no sea el del conjunto de la población.

– Se desprenden tres puntos esenciales de las enseñanzas constantes de la Iglesia, que constituyen la fuerza renovadora de la verdadera democracia:

1 – Destaca la importancia de los cuerpos intermedios (partidos, sindicatos, asociaciones, colectividades. Iglesias…) que ayuden a la responsabilidad de todos y frenen los riesgos de abuso de poder de los de arriba.

2- Desde hace largo tiempo, pone énfasis en el principio de subsidiaríedad, según el cual, por una parte, hay que dejar al escalón organizativo más cercano lo que éste pueda tratar. Por otra parte, invita a remitir al escalón inmediatamente superior y así sucesivamente de forma ascendente, aquello de lo que las instituciones más ligeras no puedan hacerse cargo.

3 – Por último, fundamenta el reconocimiento del pluralismo. Éste no consiste en la neutralidad ni en la indiferencia, sino que manifiesta la relatividad de los pensamientos y de los programas políticos, que jamás pueden pretender encarnar toda la verdad.

– El Papa Juan Pablo II declaró recientemente lo siguiente en su Exhortación Apostólica «Ecclesia in America» a propósito de las Iglesias del continente americano, aunque este mensaje es aplicable a todo el mundo occidental: «Si la mundialización se rige exclusivamente de conformidad con las leyes de mercado aplicadas en beneficio de los más poderosos, las consecuencias sólo pueden ser negativas. Entre ellas, destacan la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la disminución y el deterioro de determinados servicios públicos, la destrucción del medioambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre los ricos y los pobres, la competencia injusta que sitúa a los países pobres en una situación de inferioridad siempre muy marcada. Aunque la Iglesia tiene en cuenta los valores positivos que conlleva la mundialización, también considera con inquietud los aspectos negativos.

– … que apela a un control colectivo

La mundialización no tiene la fatalidad ni la omnipresencia que algunos le atribuyen: será lo que los grupos humanos y sus representantes hagan de ella. En lugar de dotarla de un carácter diabólico, mejor sería intentar humanizarla reforzando la solidaridad entre los pueblos y entre los grupos, moralizando el mercado y reconociendo la dignidad inalienable de todas las personas. A través de su doctrina social, la Iglesia ofrece una aportación válida a la problemática de la actual economía mundial. Su posición moral en este sentido se apoya en tres piedras angulares fundamentales de la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiaridad.

Es preciso analizar la economía mundializada a la vista de los principios de la justicia social, respetando la opción preferente de los pobres, que deben llegar a ser capaces de defenderse en una economía mundializada, y de acuerdo con las exigencias del bien común internacional…

– Llamamiento

La Iglesia no se aleja mucho de su misión cuando toma la palabra en el terreno político: concierne al hombre y a la humanidad. Cómo dejar de recordar el interrogante planteado en las primeras páginas de la Biblia» ¿Qué has hecho de tu hermano?» (Gn 4,9). ¿Acaso no es el terreno de la política, según la célebre frase del Papa Pío XI, «el terreno de la mayor caridad, la caridad política»? Actuando en pro del bien común, al servicio de todos y sin ambiciones de poder, los cristianos se sienten a gusto en una sociedad democrática y laica. Aportan su contribución sin aceptar que su fe quede relegada al «ámbito de lo privado». Estafe tiene una dimensión humana y social. Para permanecer viva, la democracia ha de tener en cuenta sus referencias religiosas y filosóficas en el debate político.

Los cristianos saben que la política no lo es todo en la vida de las personas, puesto que, para ellos, el hombre sólo se realiza plenamente en Dios. No obstante, saben también que participan en los designios de Dios sobre la humanidad al obrar a favor de la unidad de la familia humana y de la dignidad de cada uno de sus componentes. De esta forma, trabajan en pro de la instauración del Reino de Dios en la tierra, incluso aunque este Reino no llegue a alcanzar nunca su plenitud en este mundo.

La Iglesia no tiene ni competencia técnica propia ni poder institucional a efectos políticos, pero posee la vocación para estimular las energías espirituales, para recordar la labor fundamentadora de los valores de trascendencia y espiritualidad para construir un mundo más digno de los hombres, hijos de Dios. Invita a los cristianos a buscar, en sus propios grupos y movimientos respectivos, a discernir, a actuar con los demás creyentes y con los hombres de buena voluntad.

CONCLUSIÓN

Caridad política es:

  • Presencia del amor de Dios en el mundo a través de su Cuerpo de bautizados en pro de la instauración del Reino de Dios.
  • Amor que responde con todo lo que el hombre es (personal, ambiental e institucional) y a todo lo que el hombre necesita (urgente e importante)
  • Un compromiso activo y operante en ambientes e instituciones, fruto del amor cristiano a los demás hombres, considerados como hermanos, en favor de un mundo justo y más fraterno, con especial atención a las necesidades de los más pobres.
  • Combate espiritual por la justicia del Reino en favor de los pobres, (militancia)
  • Acción «sacramental» (signo e instrumento; paradigma y primicia; germen y diseño) que renueva personas, ambientes e instituciones.

El ejercicio de la Caridad política tiene una triple dimensión:

  1. Vivencia del amor cristiano en la plaza vida pública (familia, ambientes, instituciones). Promoción la amistad civil y de una cultura inspirada en los principios y valores de la DSI. Coherencia de fe y vida de la persona en todas sus dimensiones. Promoción de conciencia.
  2. Presencia en los diversos ambientes y sectores promoviendo conciencia, generando cultura y militando en la acción institucional.
  3. Acción política institucional a través de los instrumentos de acción política existentes y promoviendo otros nuevos.