Solidaridad significa ir «a contracorriente»

ir a contracorriente

Para el cristiano, solidaridad quiere decir vivir la caridad enseñada por Jesús en la gratuidad, el perdón y la reconciliación (CDSI 196).

Papa Francisco, Discurso en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares

La actitud de esperanza desencadena la solidaridad. Se trata de una palabra que no gusta a todos, porque a veces se reduce a un regalito que se da altaneramente, a una limosna despreocupada, a actos de generosidad esporádicos.

Sin embargo, solidaridad es una palabra riquísima en significados que hay que redescubrir. Es a la vez un principio social y una virtud ética (CDSI 193).

Quiere decir, sobre todo, pensar y actuar en términos de comunidad, porque la vida de todos es inmensamente más importante que la apropiación de bienes por parte de los individuos y por parte de unos pocos.

Solidaridad significa luchar contra el desempleo, por la tierra, por la escuela y por la casa, contra la negación de los derechos sociales y laborales. Significa combatir los efectos destructores del imperio del dinero. Solidaridad, en su sentido más profundo, significa «hacer historia».

Como se recuerda en la Evangelii gaudium,«la solidaridad es una reacción espontánea de quienes reconocen la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de bienes se justifica para guardarlos y acrecentarlos de modo que sirvan mejor al bien común, por lo que la solidaridad se ha de vivir como la decisión de restituir al pobre lo que le corresponde. Estas convicciones y prácticas de solidaridad, cuando se hacen carne, abren el camino a otras transformaciones estructurales y las hacen posibles. Un cambio en las estructuras que no genere nuevas convicciones y actitudes hará que esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, difíciles de sobrellevar e ineficaces» (EG 189).

Pero para alimentar en el corazón y en las comunidades una solidaridad así hay que tener embarrarse los pies, tocar con las manos la carne sangrante de los hermanos heridos, hay que oler a barrio, a periferia, a pueblo, a lucha. Sí, a lucha, porque el mal se debe combatir en una larga y denodada batalla.

Jesús lo enseñó al recordar a sus discípulos que su hablar debe ser «sí, sí; no, no», porque «lo demás viene del Maligno» (Mt 5,37).

Solidaridad quiere decir también no preocuparse cada uno de sus asuntos, sino contribuir responsablemente a la construcción de la sociedad, contra el individualismo y la sobrevaloración de la subjetividad individual (V Conferencia General del CELAM, Documento final, cit., 44), contra el quietismo de los cristianos en chancletas, que no quieren dar su aportación creativa a la sociedad, sino que se contentan con liturgias vacías y lecturas piadosas.

Solidaridad significa ir «a contracorriente». Para el cristiano, solidaridad quiere decir vivir la caridad enseñada por Jesús en la gratuidad, el perdón y la reconciliación (CDSI 196).

Desgraciadamente, muchos esfuerzos por buscar soluciones concretas a la crisis económica y ambiental se ven frustrados no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por el desinterés de las demás personas. Las actitudes que obstaculizan las vías de solución, también entre los creyentes, van de la negación misma del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega y obtusa en soluciones técnicas. Por eso se necesita una nueva solidaridad universal (LS 14).