Trabajo-vocación-comunidad

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(Del «manifiesto comunita-rista» de Guillermo Rovirosa)

La técnica moderna ha multiplicado enormemente la producción de cada trabajador. Pero este beneficio ha sido contrapesado por el «sistema», que ha ido aumentando a ritmo todavía mayor el número de los «no productores».

Ello quiere decir no que hemos de desechar la técnica moderna, para volver a formas de trabajo ya superadas, sino que hemos de tender a que el trabajo aproveche, en primerísimo lugar, al trabajador, cada uno según su responsabilidad laboral.

A este fin hemos de considerar «qué» clase de comunidad puede constituir un centro de trabajo. Y decimos puede constituir, porque tanto en
el régimen capitalista como comunista no la constituye. Hacen un trabajo en común, pero no es un trabajo comunitario.

Para que el trabajo sea comunitario se precisa:

  • QUE CADA UNO SIGA SU VOCACIÓN PROFESIONAL.
  • QUE ESTE CON ENTERA LIBERTAD.
  • QUE PERCIBA BENEFICIOS en la parte que le corresponde en proporción a su trabajo.
  • QUE SUS PUNTOS DE VISTA puedan llegar a la Dirección cuando haga falta; y
  • QUE LA EMPRESA LE PERTENEZCA, con plena propiedad, a «todos» los que trabajan en ella.

VOCACIÓN PROFESIONAL. – Ha de ser la primera reivindicación del «comunitarismo». Si nos esforzamos en realizar una exaltación de los valores personales (por ser la persona imagen de Dios) frente a los valores del dinero y del mito, lo primero que exigimos para que el hombre pueda ser plenamente PERSONA es que no se viole su vocación profesional.

Los padres, maestros, sacerdotes y médicos son los que deben cuidar de este asunto, con mayor interés en la crítica alrededor de los doce años, cuando se puede ganar todo si se acierta con la vocación del niño, o perderlo todo si se le obliga a que su vida discurra por caminos diferentes a aquellos para los cuales Dios le dotó.

Un hombre que sigue exactamente la vocación profesional que Dios imprimió en su corazón podrá formar normalmente una comunidad familiar e incorporarse con plenitud de facultades en una «comunidad de trabajo». Mientras existan mal vocacionados, también habrá que conservar las cárceles, los manicomios y los burdeles.

PLENA LIBERTAD.Es fundamental. Quien trabaja por coacción o por pura necesidad podrá considerar el trabajo como un campo de concentración o una colonia penitenciaria, pero nunca podrá saborearlo corno el medio único de realizar completamente el desenvolvimiento de su personalidad.

El sistema comunitario, al hacer que cada familia sea propietaria de su hogar y que los beneficios del trabajo vayan a parar en primer término a los trabajadores, pondrá a cubierto a la sociedad de la angustia física y mental que representa el «vivir al día». Por lo que la libertad para escoger una u otra manera de desarrollar su actividad profesional será en derecho de indudable traducción práctica, frente al actual pretendido derecho a aceptar o rehusar los contratos de asalariado en vigor.

PROPORCIONALISMO.El sistema de Empresa Proporcionalista representa la adecuación más justa posible en cuanto se refiere a reparto de beneficios entre los que intervienen en la producción, permitiendo establecer verdaderas comunidades laborales, cualquiera que sea la importancia de la Empresa.

La Empresa Proporcionalista, más que cualquier forma de Cooperativa, permite que cualquier trabajador pueda en todo momento usar de su libertad para ir a formar parte de otra Empresa Proporcionalista, sin ningún quebranto para el trabajador ni para la Empresa.

El sentido comunitario de la Empresa exige que cada trabajador esté seguro de participar en los beneficios en la medida que le corresponde dentro de la desigualdad indispensable en un mundo donde todos somos diferentes.

El «Proporcionalismo» da la medida exacta. Y así corno un hombre de poca talla está contento con un traje de reducidas dimensiones, porque es el que le corresponde, y no envidia el vestido del hombre hercúleo, de la misma manera, aquel cuyo trabajo es pequeño está contento con un beneficio pequeño, que es el que le corresponde, y que, a pesar de ser pequeño, le permite vivir holgada- mente.

INTERVENCIÓN. – Para que un trabajador pueda considerar a una empresa como a SU EMPRESA no es suficiente todo lo que se le quiera dar, si él no puede hacer oír su opinión. Como sea: por el sistema democrático de las Asambleas, o con visitas periódicas al Director, o por Consejos de Empresas, o de cualquier otra manera que el trabajador tenga conciencia de que no sólo se estima su aptitud profesional o su energía muscular, sino que también se aprecia su entendimiento, que es reflejo del entendimiento de Dios.

PLENA PROPIEDAD.Si no, no hay comunitarismo posible. La Empresa debe pertenecer íntegramente a los que en ella trabajan. Cada una según su modalidad. Tanto las que exigen mucha mano de obra y pocos gastos de primer establecimiento corno un servicio público de limpiezas, corno, en el caso contrario, una empresa hidroeléctrica.

No se puede aquí entrar en el detalle de «cómo» se resolverá técnica y financieramente esto. El problema es perfectamente soluble.