Venezuela sigue siendo un país para querer

0
421
“Es urgente que el mundo, los gobiernos, las instituciones políticas, legislativas y los organismos de derechos humanos entiendan que lo que sucede en Venezuela no es una simple crisis política más o menos pasajera o superable en escaso tiempo. No!!.  En el nombre de mis hermanos que sufren en Venezuela, les pido que abran los ojos y sus oídos.”

5 diciembre, 2019

Mons. Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal (Venezuela)

1.- En la década de los setenta del siglo pasado, la publicidad turística mostraba un rostro hermoso de Venezuela: UN PAIS PARA QUERER. Venezuela se enrumbaba por las sendas de fortalecer su democracia, luego de muchos años de dictaduras y gobiernos militares. Se consideraba un paraíso turístico y se hablaba del desarrollo pujante de una nación con amplísimos recursos naturales y mineros. A esto se añadía, ciertamente, su posición geográfica, que permitía una inter-relación con otros países. Venezuela se convirtió en una encrucijada para el turismo, el comercio y los negocios.

Vino el “boom” petrolero: la nacionalización de las industrias básicas (el petróleo-el hierro) los altos precios del petróleo a nivel mundial, y otros factores más incidieron en el crecimiento económico del país y el bienestar de todos. Venezuela se codeaba al lado de las grandes naciones. Sin embargo, algunos pensadores y analistas insistieron en algo que, lamentablemente, no se hizo: “sembrar el petróleo”; es decir, invertir las ganancias obtenidas en beneficio de todos, en cultura, educación y en asegurar un futuro de crecimiento. No se hizo caso a las advertencias y se actuó como en la fábula de la cigarra y la hormiga: se prefirió el camino fácil de acostumbrarse a que todo se podía conseguir a base del dinero.

Junto a esto, se fue introduciendo la corrupción, que minó las conciencias y conductas de muchos, sobre todo en la clase dirigencial. Empezaron los problemas y se empezó a sentir las consecuencias de no haber “sembrado el petróleo”. En el correr del tiempo se tuvieron duras experiencias: el famoso “viernes negro” de 1983, cuando se devaluó la moneda estrepitosamente y desde entonces no se recuperó; las propuestas populistas y la agudización de la crisis con el así denominado “caracazo” del 27 de febrero de 1989 (levantamiento popular ante medidas económicas), los intentos de golpe militar de 1992, la renuncia del presidente Carlos Andrés Pérez… todo ello, aunado a una profunda crisis económica y moral comenzó a trastocar el panorama social y político del país.

Confiados en los recursos que se seguían teniendo, se optó por una economía rentista y de poca inversión en lo económico y lo social. Comenzó a aparecer la clase de los “nuevos ricos” con sus influencias en el campo de lo político. La dirigencia se comenzó a alejar de las bases populares. Y se empezó a defender la democracia como un logro que no se podía perder… sin embargo, se trataba más bien de una “democracia sin pueblo”, ya que éste se tomaba en cuenta sólo a la hora de las elecciones. La democracia se presentaba como el modelo perfecto, donde se podía elegir cada cierto tiempo las autoridades. La corrupción aumentó y la democracia se comenzó a manifestar más bien como expresiones de populismo.

Si bien se dieron experiencias interesantes en algunos sectores, el protagonismo de las bases populares se fue dejando a un lado. A la gente se le contentaba con dádivas y a los pobres se les daban algunas prebendas basadas en la atención social y solidaria. Se dio paso a una situación, de la cual todavía no hemos salido: el desprestigio de los partidos políticos y de amplios sectores de la dirigencia política. Se fue dando un alejamiento de las élites de los diversos sectores de la nación. Y se favorecieron los intereses y privilegios particulares. Terminó de irrumpir la corrupción con su fuerza avasallante: y con ella, los negociados, las extorsiones, los pagos de “vacuna”, la delincuencia organizada, el narcotráfico.

Como lo advirtieron los Obispos de Venezuela en enero de 1992, todo este conjunto de cosas y la no reacción de la clase dirigencial del momento abrían las puertas a expresiones de fuerza con implicaciones impredecibles. En febrero del 1992 se dio la asonada militar dirigida por Hugo Chávez Frías, seguida por el del 27 de noviembre. Era el mero inicio de una crisis que desembocaría posteriormente en la llegada al poder de Chávez en 1999.

Hubo la iniciativa de un cambio con la COMISION PRESIDENCIAL PARA LA REFORMA DEL ESTADO, promovida por amplios sectores del Gobierno y la dirigencia del país. Esta fue eliminada por el Gobierno de Caldera y retomada por Chávez con la ASAMBLEA CONSTITUYENTE que cambió la Constitución de Venezuela.

2.- Chávez llega al poder por elecciones democráticas y libres, con un porcentaje que no permitía dudas. Contó con el apoyo de muchos grupos y con el deseo de cambio. Muchos hablan de un voto castigo hacia la dirigencia que había gobernado hasta entonces. El ex presidente Carlos Andrés Pérez, llegó a decir que con la victoria Chávez se había presentado como el “vengador”. Aunque quienes le llevaron nunca calcularon las consecuencias de esa victoria. No se trataba de un político a la manera tradicional. Era algo novedoso, pero que, en el fondo también se tenía en el inconsciente de muchos: la mano de un militar que vendría a poner orden. En Venezuela, por la historia del siglo XX, se puede ver cómo en el imaginario cultural y político siempre se había pensado que los problemas los podrían resolver los gobiernos militares. No hay sino que tener en cuenta el permanente recuerdo y referencia a Pérez Jiménez.

Pero, hay que tener en consideración dos elementos que son o desconocidos o puestos entre paréntesis. Generalmente cuando se quiere hacer referencia a la manera cómo hay que cambiar la situación originada por Chávez, se manejan los criterios de una democracia formal y tradicional: aún con los problemas y las diatribas, se da una cierta apertura para la negociación, para la transición de gobiernos, etc. Pero se ha olvidado que con Chávez, quien llega al poder no es una clase política, sino la militar. Si bien hubo militares de corte institucionalista, se fue imponiendo el posicionamiento o empoderamiento de muchos militares en la dirección global del país. Un militar convertido en civil, pero con su mentalidad castrense fue penetrando las nuevas generaciones que se iban formando y se les ideologizó.

Hay otro elemento clave que hay que tener en consideración: como muchos de los militares latinoamericanos, los que irrumpieron en el poder de manera democrática estaban imbuidos de un nacionalismo de corte “nazeriano” egipcio. El nacionalismo ha sido siempre la plataforma ideológica de los militares. Esto se sintió en los discursos del candidato y posterior presidente. Se abrió, entonces, una puerta que no se ha podido cerrar: con quien tiene mentalidad militar no es tan fácil negociar para un camino de democracia. El militar manda y punto.

Esto permitió que, con el apoyo de grupos radicales y de Cuba, se instaurara la propuesta de un modelo de socialismo de siglo XXI. Presentado al principio como un movimiento que haría de la democracia un espacio de protagonismo del pueblo y de los más pobres, con acciones (misiones, programas) que originalmente tuvieron una cierta efectividad y aceptación, se fue imponiendo un modelo y régimen hegemónico – militarista y totalitarista. Los militares recibieron muchas prebendas. Una de ellas muy importante: empezaron a ocupar los cargos claves de la conducción del Estado. Desde ministerios y gobernaciones hasta dirección de institutos claves, con el control de la vida ciudadana y social. Bajo el disfraz y maquillaje de elecciones democráticas, el régimen se ha perpetuado en el poder y se ha enraizado en él de tal modo que pareciera difícil sacarlo de allí.

Junto a esto, nos conseguimos con los apoyos de grupos radicales de izquierda de todo el mundo, con naciones como Cuba, Rusia y China que tienen sus propios intereses; con grupos económicos que están explotando las minas de oro, coltán, uranio, etc… Todo ello se articula para favorecer un régimen que, fundamentado en una falsa legalidad, burlándose de las leyes, con una fachada de falsa democracia y con el apoyo irrestricto de militares al servicio no del pueblo sino de una parcialidad política, no pretende abrir las puertas para un anhelado cambio de conducción política.

El régimen ha sabido imponerse. Hay situaciones que o se desconocen o no se les considera en su extrema gravedad: la destrucción del aparato productivo y de la economía, la destrucción del valor de la divisa, la división y casi destrucción del tejido social, la desvalorización de la persona humana, el deterioro de la educación y de los servicios públicos, la represión, el encarcelamiento y tortura a los disidentes (civiles y militares), la burla hacia las instituciones serias… Ha crecido el hambre y la desnutrición infantil y en personas de la tercera edad; no se consiguen insumos alimenticios, medicinales y de otro tipo; la hiperinflación (en la que intervienen personas y grupos inescrupulosos que especulan con la situación de la gente)… De ser un país de acogida a inmigrantes, nos hemos convertido en un país de migrantes que huyen en búsqueda de mejores condiciones de vida. Un país petrolero que ahora sufre las largas filas en las estaciones de gasolina para que los usuarios puedan llenar los tanques de sus vehículos. Venezuela ha pasado de ser “un país para querer” a una nación desde la cual huir…

Sigue siendo una nación rica pero tremendamente empobrecida. Los recursos están en manos de pocos con la excusa de ser los administradores del estado. Se ha impuesto cada día más la corrupción a todos los niveles. No existe decisión alguna de los altos niveles para atacar y castigar la corrupción. El empobrecimiento se nota, por supuesto en lo económico: no hay sino que ver cuánto es el sueldo normal de un profesional; en el campo de la salud, ya que no se consiguen ni medicamentos ni buenos servicios de sanidad, resurgen enfermedades que antes golpeaban a la sociedad; en la educación, además de la deserción de maestros y escolares que o se van del país o van a trabajar donde mejor se les pague, la ideologización de la misma; en el ámbito de la seguridad jurídica y social. Hay desconfianza y desprestigio de las autoridades militares y policiales, amén de la presencia de grupos irregulares propios del país o provenientes de Colombia.

3.- Habida cuenta de lo antes indicado ¿dónde y cómo nos encontramos hoy? En esta línea considero que debemos tener en cuenta los siguientes elementos:

  • a) Por lo que se refiere al régimen de gobierno: hay diversos grupos estructurados con cierta autonomía y cada uno de ellos resguarda al otro, pero no quiere ceder ninguna parcela de poder: el grupo del Sr. Maduro, con los cubanos que le apoyan; el grupo de chavistas fieles al legado de Chávez, y que no pretenden dejar espacio alguno de cambio; los militares, empoderados y sostenedores de los otros, que no van a permitir que se les quite su cuota de poder… Por otra parte, nos encontramos un régimen que puede ser catalogado responsable de crímenes de lesa humanidad, según lo estipulado en el Estatuto de Roma, que tiene vigencia de ley en Venezuela.
  • b) Una oposición fragmentada y con diversas tendencias con una unidad sumamente frágil. El liderazgo del Sr. Guaidó no es totalmente aceptado por todos los factores políticos de la oposición; hay grupos y partidos que están negociando con el régimen. Dentro de la oposición que respalda a Guaidó también hay quienes apuestan a una salida a mediano plazo, para lo cual hay que recuperar las bases sociales y preparar nuevos y auténticos liderazgos.
  • c) Una sociedad civil desprotegida y golpeada. De allí salen los migrantes que están huyendo del país. Pero también con la tentación del conformismo y la desesperanza. El sector popular muy amenazado y manipulado por el régimen con dádivas que no resuelven para nada la situación. Hay cansancio y desconsuelo, aunque siempre se tienen atisbos de esperanza. No falta quienes, desde sus posturas de comodidad aguardan que lleguen soluciones de afuera para acomodarse más.
  • d) No faltan personas e instituciones que plantean luchas y soluciones desde el compromiso con las bases y las comunidades: los estudiantes, las universidades, la Iglesia, etc. Pero, a la vez, se siente el peso de la ausencia de quienes han emigrado (sobre todo profesores y estudiantes).

Se percibe un caos social aprovechado por el régimen. Este sobrevive por estar bien arraigado y sostenido por la clase militar, por el apoyo de algunos países como Rusia, Cuba, China… Resiste los embates de un bloqueo que, a la hora de la verdad, a quien más golpea es a los pobres y a la clase media que se empobrece cada día más.

4.- ¿Qué hay que hacer? He aquí la cuestión fundamental. Son muchos los que buscamos poner nuestro granito de arena; personal e institucionalmente. Pero, corremos el riesgo de sentirnos desbordados por la presión, por la situación de desencanto de la gente y porque sentimos que el mundo no ha entendido lo que de verdad está sucediendo en Venezuela. Para colmo, comenzamos a sentir que somos una ficha de un ajedrez geopolítico donde las naciones con más poder, las corporaciones con más influencias, no muestran preocupación por la gente sino por sus propios intereses o como lograr posesionarse más para una influencia territorial con extensiones internacionales: así podrán seguir extendiendo sus redes o protegiéndose particularmente.

Ante esta interrogante, quisiéramos indicar lo siguiente:

  • a) Es urgente que el mundo, los gobiernos, las instituciones políticas, legislativas y los organismos de derechos humanos entiendan que lo que sucede en Venezuela no es una simple crisis política más o menos pasajera o superable en escaso tiempo. No. En el nombre de mis hermanos que sufren en Venezuela, les pido que abran los ojos y sus oídos. No se dejen llevar por las publicidades de quienes detentan el poder o de grupos radicales. Se trata de una emergencia humanitaria que se agudiza. Hay crímenes de lesa humanidad: no sólo porque existan torturas y asesinatos de parte de quienes deben garantizar el derecho a la vida de los venezolanos. ¿O es que el hambre, el empobrecimiento, la destrucción del aparato productivo, la falta de atención médica, la desnutrición, el resurgir de las enfermedades endémicas superadas y otras calamidades más no constituyen crímenes de lesa humanidad? Cuando sus representantes vayan a Venezuela no se queden alojados en los cómodos hoteles de la capital: arriésguense a ir donde están los que sufren… los barrios, los puestos fronterizos, los hospitales sin servicio… De seguro que quienes detentan el poder no se los permitirá… pero atrévanse… Atrévanse a traer a este foro y a otros más, de gran importancia, no sólo a políticos o a líderes sociales y religiosos… ¿Qué pasaría si escucharan el testimonio vivo y lacerante de los que sufren? Por favor, abran los ojos y podrán tomar decisiones mucho más acordes con la urgencia que vive el país.
  • b) Pídanles a los que se auto califican como las grandes potencias que no nos traten como fichas de un juego geopolítico. Que se pongan de acuerdo no para asegurar posiciones sino para dar salidas urgentes a la crisis humanitaria. Hoy hay más de 6 millones de emigrantes por todo el mundo: el 20% o un poco más de la población. Eso no le duele a nadie… pero ese dolor que sentimos puede mancillar a quienes no aportaron para la libertad de nuestra nación. No olviden que Venezuela acogió a muchos europeos en la inmediata post-guerra…. Y los hizo hermanos de los ciudadanos e hijos de la patria… Escuchen ahora el clamor de un pueblo que pide un cambio de dirección política. Y cuando piensen en los así denominados “bloqueos” entiendan que a quien de verdad perjudica no es al régimen, sino al pueblo.
  • c) Pídanles a las corporaciones que están negociando con el “arco minero” o que venden armas o sacan ganancias del dolor del pueblo, que no le hagan el juego a la corrupción ni a un régimen con vestidura democrática, pero con el perfume del crimen contra su gente.
  • d) Es urgente promover el liderazgo nuevo en todos los campos… los venezolanos somos capaces. Es verdad que tenemos nuestra cuota de responsabilidad. Pero no nos dejen solos a quienes de verdad está buscando salidas, no honrosas, sino llenas de la dignidad de la persona humana. Estamos seguros que el cambio abrirá las puertas para una recuperación que será lenta, pero decidida. Pero no podemos seguir solos ante la mirada de quienes piensan que la situación es menos grave de la que se piensa.
  • e) Y apoyar la participación activa de todos los venezolanos: el pueblo es el verdadero sujeto que debe producir el cambio. Un buen liderazgo debe ir por este camino. Un apoyo internacional debe ir por este camino.

5.- Finalizo con un llamado urgente. Es cierto que muchos van a Venezuela y se dejan ilusionar por lo que el régimen enseña; es cierto que existen grupos radicales de diversas tendencias que no ven más allá de las narices. Lo poco que les he dicho, sencillamente, no es fruto de un estudio sociológico con estadísticas o con variables que pueden ser interpretadas de diversa manera. Les hablo desde el compromiso: con mis hermanos obispos de Venezuela, con los sacerdotes y los laicos más comprometidos en la construcción de la justicia y de la paz, según los criterios del Evangelio, caminamos, acompañamos y compartimos los gozos y esperanzas, así como las angustias y problemas de un pueblo al que pertenecemos y servimos.

Más de uno podrá decir que no es tan cierto… pero yo personalmente he palpado el hambre en muchísimos hermanos, a quienes tratamos de ayudar aún sin mayores recursos; yo mismo he debido acompañar a tantísimas personas sin medicinas y sin atención hospitalaria; yo mismo he debido sostener con el abrazo de pastor a quienes han perdido la esperanza o han visto partir a sus seres queridos hacia otros lugares para ver si consiguen algo mejor; yo mismo he estado allí, en los puestos fronterizos y he visto el dolor de los migrantes y el maltrato que reciben de muchas de nuestras autoridades pero luego acogidos por la caridad de los países e iglesias hermanas de Colombia y de América Latina; yo mismo soy testigo de lo que he dicho. Si de verdad quieren ayudar a Venezuela; háganlo con sus aportes económicos o con sus consejerías para el desarrollo y lo planes de recuperación… pero por Dios, terminen de abrir los ojos ante lo que de verdad está sucediendo en Venezuela. Si abren los ojos y contemplan, si abren los oídos y escuchan los clamores del pueblo, ya será un importante paso… pues de seguro, confiando en el sentido humanitario de ustedes, entonces actuarán dónde y cómo consideren más oportuno. Pero, por favor, no lo dejen para muy tarde, porque Venezuela sigue siendo un PAIS PARA QUERER.

GRACIAS.

Mons. Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal

5 de diciembre de 2019