VER, DETENERSE, TOCAR

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VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN LA IX EDICIÓN DEL
FESTIVAL DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
SOBRE EL TEMA «
ESTAR PRESENTES. POLIFONÍA SOCIAL«

[Auditorium del Cattolica Center, Verona, 21-24 de noviembre de 2019]

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Saludo cordialmente a todos vosotros, participantes en la novena edición del Festival de la Doctrina Social de la Iglesia. El tema elegido este año es: “Estar presentes: polifonía social”.

La presencia no es una teoría, es algo físico, es concreta. Se expresa en la cercanía, en el compartir, en el acompañamiento o sencillamente en estar cerca de alguien. La presencia tiene una eficacia decisiva que todos hemos experimentado porque todos sabemos la diferencia entre estar solos y tener a alguien a nuestro lado. Estar presente significa salir del aislamiento y dejar que nos llegue ese calor humano que anima la existencia de los que encontramos. La presencia nos permite ver al otro y ser vistos por él, activando una dinámica relacional que enciende la vida. Estar presentes significa mantener los ojos abiertos para evitar que alguien sea excluido de nuestra mirada. Quien no es visto por nadie, pasa a formar parte del grupo de los invisibles formado por marginados, pobres, descartados, explotados. No verlos es la manera más rápida de evitar problemas; sin embargo, están ahí y, aunque finjamos no verlos, existen. Estar presente significa tomar la iniciativa, dar el primer paso, salir al encuentro, llegar al cruce de caminos donde se encuentran los muchos excluidos. Es hermoso pensar en una presencia generalizada que habita en todos los lugares, aporta ternura y actúa como la levadura. Inmersos en la masa de la humanidad listos para cuidar de los hermanos. Podemos articular el significado de la presencia con tres verbos: ver, detenerse, tocar.

Ver es el primer paso que nos ayuda a salir de nosotros mismos y nos hace enfrentarnos a la vida tal como se presenta. Lo que vemos también puede asustarnos, inducirnos a huir y negar lo que hemos visto.

Ver al otro requiere que nos detengamos: la presencia no es una carrera, es estar con el otro. Correr no nos hace darnos cuenta de tantos rostros y tantas miradas. Cuántas personas solamente muy tarde en la vida se dan cuenta de que han huido y no han tenido tiempo de detenerse a jugar con sus hijos, de hablar con sus padres ancianos, de cuidar de sus afectos, de no haber estado dispuestos a ayudar. Cuando amas a una persona sientes un fuerte deseo de estar con ella y no de correr a otra parte.

Finalmente, la presencia también se expresa en tocar, en eliminar la distancia con el otro, en transmitir calor, en hacerse cargo, en cuidar.

Una presencia así entendida es suave y dialogante y está al alcance de todos. Para resolver problemas no se necesitan grandes managers ni hombres fuertes, sino que hay que estar unidos en el compromiso de no ceder a la indiferencia. Cada uno con sus propias cualidades y dones puede llegar a ser un constructor de fraternidad. El mundo cambia no si alguien hace milagros, sino si todos hacen lo que tienen que hacer todos los días. El cambio duradero siempre comienza de abajo hacia arriba, nunca es sólo una operación desde el vértice. Todos son necesarios para reconstruir el tejido social y percibir la fuerza de ser un pueblo. Desde este punto de vista, todos son importantes: el enfermo, el pobre, el niño, el anciano, el obrero, el profesional, el empresario, el docto y el ignorante.

Es urgente no poner bridas a la libertad de hacer el bien. Nuestro país sigue adelante porque muchas personas en silencio viven honradamente, trabajan, son solidarias, cuidan a los necesitados. Deseo a todos los que participáis en el noveno festival de la Doctrina Social de la Iglesia que seáis tejedores de una trama social en la cual la presencia se convierta en un don que haga resplandecer la belleza de la fraternidad.

Renuevo mi cordial saludo a todos los participantes en el Noveno Festival de la Doctrina Social de la Iglesia y en particular a los numerosos voluntarios que ofrecen gratuitamente su disponibilidad. Un saludo al obispo de Verona, Monseñor Giuseppe Zenti, que hospeda este evento, y un agradecimiento a Don Vincenzi por su servicio, por la difusión, el conocimiento y la experimentación de la doctrina social de la Iglesia ¡Gracias!