Rovirosa comparte con Carlos de Foucauld (que será canonizado el 15 de mayo de 2022) la centralidad de la figura de Jesús, sobre todo en su vida oculta de trabajador; así, como la encarnación en lo más humilde y la oración eucarística.

Rovirosa compartía, además, una sincera amistad con René Voillaume (fundador de los Hermanitos de Jesús, de los Hermanitos y Hermanitas del Evangelio a partir de los escritos e intuiciones de Carlos de Foucauld), cuya obra En el corazón de las masas ayudó a traducir al español. Es evidente la sintonía de Rovirosa con lo esencial de ese libro, así como con las principales señas de identidad de los Hermanitos del Evangelio, de los que Voillaume fue fundador y Prior.

En un artículo del Boletín 149, Rovirosa expresa la complementariedad que existe entre aquellos y la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC): fundados en la Encarnación del Verbo, que sigue actualizándose en nuestro mundo, los hermanitos tienen como misión ‘preparar los ambientes’ a través de su encarnación en los mismos, para que puedan recibir la semilla del Evangelio a su tiempo y dar los frutos necesarios. Los hoacistas tienen encomendada la tarea de siembra, a través de su lucha por la Justicia:

“Unos consagrando a Dios su virginidad, y los otros su fecundidad en un mismo gesto de adoración al Padre.

Unos expiando las injusticias de los hombres, y los otros sufriendo persecución por implantar la Justicia.

Todos bien unidos y trabados en la misma sublime Comunión con Cristo, todo El presente en unos y en otros.”

 

Reproducimos a continuación el articulo completo escrito por Rovirosa en los años 50 en el Boletín nº 149 de la HOAC.

 

LOS HERMANITOS DE JESÚS

rovirosaGuillermo Rovirosa (1897- 1963)

«El Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros».

El misterio de la Encarnación, sin embargo, no terminó en el momento de la Ascensión, sino que continúa y se continuará hasta el fin del mundo. El sigue entre nosotros, y en nosotros, hasta el día del Juicio. En todas partes.

En la vida personal de Cristo las etapas se sucedían unas a otras: primero, niño; después, adolescente; luego, adulto. Una vez instituida por El su Iglesia para continuar en ella su Vida, las etapas personales ya no existen, antes bien todas ellas coexisten simultáneamente.

En cada momento Cristo nace. Cristo crece. Cristo sufre hambre, frío e incomprensiones; Cristo reúne apóstoles, predica y hace milagros. No se pasa un día en que Cristo no sea crucificado y sin que resucite gloriosamente.

Este es el misterio de la Iglesia, que (como todos los misterios revelados por Cristo) no enturbia las conciencias, sino que las ilumina esplendorosamente.

Los «Hermanitos de Jesús», siguiendo las huellas del Padre Foucauld, quieren ser —y son— una presencia en el mundo de Jesús viviendo oscura y pobremente en Nazareth.

Esta es su misión y su vocación. Vivir confundidos entre la gente sencilla, sin otra preocupación que la de ser Cristos ignorados, viviendo y trabajando en medio del pueblo…, como Jesús en los largos años de su vida en Nazareth.

Claro está que, si toda la Iglesia en pleno se dedicara exclusivamente a seguir este camino, ello podría ser peligroso. Pero los «Hermanitos de Jesús» no pretenden poseer una exclusiva de la vida cristiana (ésta sólo pudo pretenderla Cristo), sino que quieren simplemente manifestar uno de los múltiples y variados aspectos de la vida de Jesús, que no solamente no estorba a ninguno de los otros aspectos, sino que los complementa.

La vida contemplativa y de adoración permanente que llevan en medio de la tragedia humana, no es una réplica a los Cartujos y otras Órdenes contemplativas, sino una extensión de las mismas. Su apostolado del silencio no representa una crítica de los múltiples apostolados activos, sino que quieren ser como el estiércol que se entierra para que las semillas que los otros siembran encuentren el terreno preparado y den fruto más abundante.

Tal como la vida de Jesús en Nazareth fue la preparación de su vida pública, así quieren los «Hermanitos de Jesús» preparar los ambientes que desconocen a Cristo (mediante su presencia en tales ambientes), para que cuando lleguen los mensajeros de La Palabra salvadora, encuentren dichos ambientes en estado de recepción.

Esta vocación es muy dura para la mentalidad general de hoy, que solamente quiere un cristianismo fácil y acomodado a todas las «debilidades». Esto exige —sobre todo— una gran dosis de Fe.

Es curioso observar que los «Hermanitos de Jesús» han permanecido al margen de todo el revuelo levantado durante el año último alrededor de los sacerdotes-obreros. Ni siquiera la más leve alusión les ha alcanzado.

Ello indica, entre otras cosas, que los «Hermanitos» permanecen dentro de la línea auténtica de la Iglesia. Ello indica que las directivas dadas hace medio siglo por aquel solitario del desierto que fue el Padre Foucauld eran firmes y que la Congregación que, inspirada en tales directivos, fundó en 1936 el padre Voillaume va por buen camino.

La extensión que en pocos años ha alcanzado esta Obra tan austera, sacrificada y mortificada, es también un indicio de que Dios se complace en ella.

¿Qué tiene que ver la HOAC con los «Hermanitos de los Pobres»?

En primer lugar está la relación maravillosa de ser ambos miembros del mismo Cuerpo. Nada de la Iglesia puede sernos indiferente.

Pero no todos los miembros del cuerpo tienen las mismas relaciones entre sí, sino que están en relación más o menos íntima; por ejemplo, una mano tiene mucha mayor relación con su brazo que con el brazo de la otra mano.

El testimonio de la oscuridad de vida y del silencio es indispensable, pero no basta. Es necesario complementarlo con el testimonio de la acción al aire libre y de la palabra.

Tampoco basta que ambos testimonios existan, si van cada uno por su lado; como no sería útil una mano que no estuviera precisamente en el extremo de su brazo, sino que apareciera en la mitad de la espalda.

Cierto que estamos todavía en irnos primeros tiempos de gestación, en los que lo informe se va precisando. Pero ya puede preverse lo que serán estos miembros en su desarrollo.

Ya puede recrearse la mente pensando en un barrio en el que exista una comunidad de «Hermanitos de Jesús» actuando simultáneamente con un Equipo de Ambiente y otro de Influencia de la HOAC. Cada uno con sus tareas específicas.

La presencia de la Iglesia en tales ambientes se hará sentir con todo su peso y con toda su fuerza. Testimonio de interioridad en los hermanitos y testimonio de vida en la HOAC.

Unos consagrando a Dios su virginidad, y los otros su fecundidad, en un mismo gesto de adoración al Padre.

Unos expiando las injusticias de los hombres, y los otros sufriendo persecución por implantar la Justicia.

Todos bien unidos y trabados en la misma sublime Comunión con Cristo, todo Él presente en unos y en otros.

El horizonte está cubierto con nubes muy negras, presagio de tormenta. Todo hace prever que el pedrisco arrasará zonas enteras de cultivo. Pero el pedrisco que cae a un lado del camino se convierte en lluvia bienhechora sobre los sembrados del otro lado.

Esto que ocurre en los campos ocurrirá seguramente también en la viña del Señor. Hay muchos campos sembrados de soberbia, de opresión al pobre, de mentira, de explotación, de lujo insultante… que están pidiendo un pedrisco que los arrase.

Pero otros campos van verdeando, regados con la Gracia, y son promesa de abundante cosecha de trigo eucarístico.

¡Arriba los corazones!

(Boletín, n.° 149)