Recientemente, los Servicios Sociales de Barcelona atendieron a dos niños procedentes de un país iberoamericano. La madre y una hermana viven en una habitación alquilada, duermen en litera y ambas padecen una enfermedad que por miedo a  perder las pocas horas de trabajo que tenían, se convirtió en terminal. Los menores, fueron atendidos por los Servicios sociales. Pero, ¿Dónde estaba el padre?

Esta familia “sin padre”, no es un caso aislado. En Iberoamérica, la proporción de familias con hijos donde no conviven el padre y la madre es una de cada tres (FADEP, Evolución de la Familia e Iberoamérica 2019). En España, 1.8 millones de familias están compuestas por 1 adulto y uno o más hijos dependientes, el 83% de ellas encabezadas por una mujer.

Si la situación familiar coincide con el desempleo o la precariedad laboral, ¿qué vida humana no se derrumba?

En 2021, España experimentará, casi con absoluta seguridad, el mayor descenso de los salarios reales de las últimas dos décadas. Hoy uno de cada cuatro hogares en España vive exclusión en el empleo. La exclusión severa supera los 6 millones de personas, un 33,3 por ciento más que hace tres años y el porcentaje de hogares …

En un mundo en donde la economía productiva ha quedado subordinada a la economía financiera, es decir, al Capital, la esfera del Trabajo alcanza su punto de máxima debilidad (esclavitud, explotación, desempleo…). Las consecuencias que se derivan del mundo del trabajo afectan tanto al trabajador como a su familia, por ello trabajo y familia están íntimamente vinculados.

Aunque no se reconozca en la Academia Económica, la historia demuestra que Trabajo y Familia van de la mano como pilares centrales del edificio social. La importancia del trabajo en la vida de las familias y viceversa es evidente. Los 2.200 millones de trabajadores sin contrato ni derechos laborales lo explican con una simple mirada.

Es una cuestión central en la organización política de la sociedad. No somos los primeros en plantearlo. En el libro de la Historia se hayan sembradas páginas luminosas donde los hombres organizan sus vidas, los avances científicos, la economía, la educación, los sistemas de producción y distribución de la riqueza, al servicio de la Familia y el Trabajo. Esta es la utopía que sembró el Movimiento Obrero durante la era industrial.

Cuando el motor central que mueve la Sociedad es el crecimiento económico del capital, como viene ocurriendo los últimos 300 años, Familia y Trabajo no son más que recursos para la explotación capitalista. La agresión no deja lugar a mediaciones intermedias. Combatir el capitalismo exige defender la Familia y el Trabajo, y viceversa.

La pregunta es: ¿Por qué hoy no es una prioridad política la defensa de la Familia y el Trabajo?

En el terreno político, nos encontramos la siguiente paradoja: quienes combaten las causas que aplastan el mundo del Trabajo, están alineados con aquellos postulados que combaten la Familia; y quienes dicen defender la Familia, están alineados con quienes crean las condiciones económicas que hoy acaban con ella.

En esta escisión, el sistema capitalista, ha logrado explotaciones de alta rentabilidad, no sólo económica, también política.

La paradoja que está derrumbando los pilares sociales de varias generaciones, circula impunemente por los nudos del tejido social, en la esfera familiar y en la laboral.

En el campo del trabajo, hay un amplio y sorprendentemente untado consenso universal en dar por finiquitado el Trabajo como bien común, que asume la renuncia al Pleno Empleo sin despeinarse, poniendo todos los huevos en la cesta de la Renta Básica Universal o salario universal.

El salario universal es el “contrato social” de la nueva socialdemocracia. Desde el sindicalismo, la OIT, hasta los movimientos sociales, libertarios y cooperativistas, pasando, también por la alianza global tecnológico-financiera, agitan la bandera de la concertación.

El principal logro de esta corriente es desviar la lucha política de las causas a los hechos, tratando de situar el combate en un único punto, el de la redistribución. ¿Cómo repartir la riqueza sin transformar las reglas de la propiedad, el valor de las cosas, el precio del dinero, las relaciones de poder, las fronteras del mercado…?

Confundir el salario, fruto del trabajo, con un subsidio universal, es un duro ataque a los cimientos de la esfera laboral. Si el salario justo, es decir, la remuneración del trabajo sigue siendo una vía concreta a través de la cual la gran mayoría de los hombres pueden acceder a los bienes que están destinados al uso común, el salario es la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socioeconómico.

Hablar de salario, sin trabajar, es pura manipulación ideológica. ¿Es justa una sociedad de desempleados? Su propuesta de renta universal, de repartir las migajas, no es viable para toda la humanidad. Derecho de pocos no es derecho, es privilegio. El salario universal, no es una utopía, es pedirle al tigre que se convierta en vegetariano.

Por lo tanto, defender el pilar del Trabajo es organizar el Pleno Empleo y un salario justo. El señuelo del subsidio universal es otro grillete de la esclavitud capitalista.

En el campo de la familia, el ataque empezó décadas atrás, con viejas corrientes políticas emperradas en ver la familia como un mecanismo de “reproducción social” del capitalismo. Esta ceguera les impulsó a combatir sistemáticamente la institución familiar. Habrá quien crea que es “progreso social”, pero es todo lo contrario, es una revolución antropológica qué socava los cimientos de la sociedad.

A sus postulados (aborto, ideología de género, eutanasia…) se han unido, sorprendentemente, los poderosos de la tierra, que han encontrado en ellos, un instrumento de dominación y lucro eficaz para gobernar la era digital (Agenda Global 2030).

De manera que, Familia y Trabajo, están siendo atacados simultáneamente por dos corrientes políticas antagónicas, presas de la misma paradoja.  En España, por ejemplo, el partido VOX, por un lado, promueve un sindicato, dice defender la familia, combatir la ideología de género, y por el otro, se alía con los grandes fondos financieros, articulándose como brazo político del neoliberalismo económico que arruina a las familias.

Frente a quienes pretenden derrumbar ambos pilares del edificio social, existen pocas corrientes políticas y únicamente la Doctrina Social de la Iglesia, lo hace a escala mundial.

Urge un grito que pida la asociación de las familias como fuerza política, la familia de familias. Este combate pasa por la asociación, ya que la familia sola, aislada, es estructurada y avasallada por el tiempo y el consumo que marca la producción del capital. Familias asociadas con capacidad de hacer frente común, construyendo otro tiempo y otro espacio, la Utopía que algunos antaño idearon y vivieron.

 

Autor: Grupo Trabajo y Descarte.

Fuente: Revista Autogestion. Revista solidaria con los empobrecidos de la tierra. N 142. 

 

 

 

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