El incremento extraordinario de la afluencia de inmigrantes que están entrado en México –un 30% más que en 2022– y que alcanzan la frontera de EE.UU. ha provocado una tormenta perfecta, colapsando los puntos de entrada y salida del país mesoamericano, algunos pasos de mercancías, lo que ha puesto contra las cuerdas al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

La masiva llegada de personas a la frontera sur de EE.UU. llevó a las autoridades estadounidenses la semana pasada a cerrar varios accesos, entre ellos el que conecta Piedras Negras (Coahuila), con Eagle Pass, en Texas. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) justificó la medida diciendo que era para «redirigir al personal para ayudar a la Patrulla Fronteriza de EE.UU. a detener a los inmigrantes». Unos días antes ya había cerrado el puente internacional, que conecta Ciudad Juárez y El Paso, también por la masiva llegada de inmigrantes. Esta medida, en uno de los puntos de mayor circulación de mercancías entre ambos países, provocó pérdidas de más de 32 millones de euros al día. También generó un colapso por la acumulación de personas que esperaban pasar. Según el alcalde de El Paso, Oscar Leeser, durante los últimos 10 días, la ciudad ha trabajado con la Patrulla Fronteriza de EE.UU. para dar refugio a 6.500 personas. El sábado, según las autoridades, se alcanzaron cifras récord, pues atravesaron este punto 9.000 personas.

Al caos provocado por estos cierres, se sumó además otra decisión inédita, la detención por parte de la empresa Ferromex, que opera la red ferroviaria más grande de México con 11.000 km de vía, de 60 de sus 200 trenes. Algunos de estos trenes forman parte de la tristemente conocida como ‘la bestia’, una red de trenes de mercancías que utilizan los inmigrantes para cruzar el país. Durante décadas decenas de miles de personas se han subido a lomos de los vagones y plataformas de estos trenes que atraviesan el país de sur a norte. Casi 3.000 kilómetros que se pueden tardar meses en cubrir, enlazando los distintos recorridos, hasta llegar al destino deseado, la mayoría de las veces EE.UU.

La peligrosidad de este trayecto es de sobra conocida –ha sido recogida en libros, artículos periodísticos y películas–, pero ha sido ahora cuando Ferromex ha utilizado este argumento para detener de forma temporal, a la espera de la reacción del Gobierno de México, sus trenes de carga por «el severo riesgo que representa para la integridad». La compañía señaló que unos días antes se habían registrado «cerca de media docena de lamentables casos de lesiones o fallecimientos».

Detrás de la detención habría también otro motivo, frenar la llegada de inmigrantes a la frontera sur de EE.UU., como señaló en una entrevista recogida por la revista ‘Proceso’ la secretaria de Seguridad Pública estatal, Sonia Villarreal Pérez. «Hemos tenido varios acuerdos, como pedirle a Ferromex que detuviera el tren por un momento para poder tener una mayor coordinación con el Instituto Nacional de Migración». La solicitud a Ferromex, compañía que forma parte del Grupo México propiedad de Germán Larrea, el segundo hombre más rico del país después de Carlos Slim, no logró frenar el paso de casi 3.500 migrantes que viajaban en el tren, ya que decidieron caminar hacia la frontera con Texas.

«Hemos tenido varios acuerdos, como pedirle a Ferromex que detuviera el tren por un momento para poder tener una mayor coordinación con el Instituto Nacional de Migración»

El periodista mexicano Pedro Ultreras, afincado actualmente en EE.UU. y que ha subido a ‘la bestia’ en casi una decena de ocasiones desde hace 14 años, reconoce que la medida tomada por Ferromex le sorprendió: «Fue muy extraño el comunicado porque nunca antes habían hecho algo igual». Sin embargo, él ha sido testigo a lo largo de los años del riesgo que supone subir a estos trenes de mercancías, conocidos también con el nombre del ‘tren de la muerte’. «El peligro siempre existe en cuanto te subes. Un descuido por pequeño que sea, te caes y tienes muy pocas posibilidades de sobrevivir». Algunos son decapitados al caer, y otros sufren la amputación algunos de sus miembros. Pero este no es el único riesgo al que se enfrentan los inmigrantes que suben a estos pegasos de hierro que prometen llevarlos a la tierra prometida. A las caídas, se suman los ataques, las violaciones, los robos y las extorsiones que sufren por parte de miembros de cárteles o pandillas. Algo que Ultreras ha documentado, tras recoger decenas de testimonios, en libros como ‘La bestia’, convertido después en documental.

A lo largo de los años, el periodista mexicano ha visto cómo ha ido cambiado la ruta de estos trenes Si bien hace dos décadas dos de ellas partían de Tapachula, puerta de entrada a México desde Guatemala, un huracán destruyó las vías lo que obligó a los migrantes a tener que trasladarse –a pie muchas veces, con el riesgo que supone por la existencia de grupos criminales–, hasta Arriaga, ciudad situada a casi 300 kilómetros más al norte. En la actualidad la ruta más utilizada es quizá la que va desde el centro del país, Huehuetoca (estado de México), hacia la fronteriza Ciudad Juárez. Por la que pasan los trenes detenidos por Ferromex.

Ultreras ha sido testigo de cómo los flujos de personas aumentaban o disminuían según quien se alojara en la Casa Blanca. «Durante el mandato de Trump eran menos los que intentaban cruzar quizás por las amenazas de deportarlos, de la construcción del muro o la separación de los padres de sus hijos… –señala–. Los años del segundo mandato de Obama fueron quizás cuando más personas se subieron a ‘la bestia’; entonces venían miles y miles pero la mayoría en el sur del país. De Ciudad de México hacía el norte se veían menos. Buscaban otras alternativas».

«El peligro siempre existe en cuanto te subes. Un descuido por pequeño que sea, te caes y tienes muy pocas posibilidades de sobrevivir»

También ha visto cómo han ido cambiando las nacionalidades de quienes abordan el tren: «Cada ola migratoria es diferente. Antes eran guatemaltecos, hondureños y salvadoreños en su gran mayoría. Luego, hace 4 años, empezaron a pasar muchos cubanos y haitianos, aunque estos dos grupos usaban poco los trenes. Y desde el año pasado para acá, son principalmente los venezolanos los que vienen en ‘la bestia’, pero también se ven ecuatorianos, colombianos, peruanos, nicaragüenses y de países africanos».

Según el periodista, una de las razones por las que bajó la presencia de inmigrantes en los trenes fue que «el Gobierno mexicano empezó a usar al ejército en el sur para evitar que se subieran, luego la migración fue bajando hasta hace tres años que se empezaron a ver suramericanos y en los últimos dos años, ya cantidades más grandes».

Lo que no ha cambiado a lo largo de los años es la solidaridad entre los que optan por estos trenes de carga, gratuitos frente a otros medios de transporte y con la posibilidad de encontrar menos puntos de control que si se viaja en autobús. «Los migrantes arriba de los trenes se convierten en familia aun cuando se acaban de conocer. Se ayudan unos a otros con agua, comida y seguridad. Si uno se duerme en los techos, otros los apoyan, los detienen o los protegen. Si vienen con niños siempre los ayudan otros. Son muy solidarios una vez arriba de los trenes. El sufrimiento lo padecen todos, y por eso se ayudan mutuamente».

Las rutas de «la Bestia» a través de México

 

Endurecimiento de medidas

La respuesta del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a la decisión de Ferromex no se hizo esperar. «Los dueños de los trenes, de manera rara, inusual, sacaron un boletín dando a conocer que iban a parar los trenes, eso (no lo hicieron) ni siquiera cuando los maestros tomaron las vías allá en Michoacán varios días, no sacaron ningún boletín», indicó el mandatario, que se apresuró a decir que ya se habían puesto en marcha los trenes, durante su rueda de prensa diaria. Una reacción muy cuestionada.

A las denuncias de Ferromex se sumó también la Asociación Mexicana de Ferrocarriles (AMF), que expresó su preocupación «ante la critica situación derivada del importante incremento de migrantes en ruta hacia el norte del país».

«Los dueños de los trenes, de manera rara, inusual, sacaron un boletín dando a conocer que iban a parar los trenes»

El parón de los trenes y el cierre de los pasos en la frontera sur de EE.UU. desembocaron en una reunión de urgencia, en Ciudad Juárez, entre el Instituto Nacional de Migración (INM), Ferromex y la Patrulla Fronteriza estadounidense, de la que salió un convenio con 15 medidas urgentes para gestionar la crisis migratoria, entre las que se incluyen «intervenciones» a migrantes que estén en los trenes, carreteras o en la vía pública y el «retorno» a sus países; más puntos de control en las rutas en coordinación con el Ejército, la Guardia Nacional y la policía; así como realizar gestiones con los Gobiernos de «Venezuela, Brasil, Nicaragua, Colombia y Cuba para que reciban a sus connacionales».

Avalancha en Tapachula

La crisis migratoria que afecta a México se ha agudizado en los últimos meses por la llegada de decenas de miles de personas de Centroamérica. Según declaraciones de Andrés Ramírez Silva, director de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), México superará este año el récord de solicitantes de asilo de 2021, en el que hubo 129.000 solicitudes, alcanzando las 150.000.

Varias organizaciones humanitarias, como Médicos sin Fronteras (MSF), han alertado de la situación que se vive en puntos previos a alcanzar la frontera mexicana. Según MSF más de 50.000 personas han atravesado el conocido como Tapón de Darién, en la frontera entre Colombia y Panamá, uno de los pasos de inmigrantes más peligrosos de Latinoamérica, durante el mes de agosto. En lo que va de año, ya han cruzado este punto más de 320.000 personas, superando con creces la cifras de todo el año pasado (248.000). Miles de personas que llegan después a los puntos fronterizos de México, colapsando localidades como Ciudad Hidalgo o Tapachula. En esta última, hace unos días se produjo una avalancha humana frente a las oficinas de la Comar, donde se agolpaban 6.000 inmigrantes, la mayoría procedentes de Cuba y Haití.