Las elecciones y el bien común

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Carta Pastoral de Mons. Luis Argüello (Arzobispo de Valladolid)

 

Las elecciones y el bien común

16-31 de mayo de 2023

Vivir es convivir. La convivencia, el vivir unos al lado de otros, da sentido a la persona; en la vida cotidiana, con vecinos familiares, con ciudadanos que comparten nuestra vida, en municipios, en ámbitos de trabajo, de estudio, de diversión… Es un dato de la realidad. La convivencia, podríamos decir, es innegociable.

Cuando convivimos estamos llamados, y así ha ocurrido a lo largo de la historia, a tomar conciencia de nuestra condición de seres sociales, de que formar parte de una sociedad. En el devenir histórico de esta conciencia de vivir juntos, las sociedades han descubierto que son comunidades políticas; es decir, que tienen que organizar la manera en la que la consecución  del bien común ayude al desarrollo de todos y cada uno de los que conviven; algo que precisa decisiones, recursos y poder. Un poder que ejecuta y que decide hacia dónde encaminarse y qué pasos concretos dar para llevar a cabo el bien común.

Estamos en vísperas de unas elecciones locales, municipales, que expresan cómo las sociedades que toman conciencia de ser comunidades políticas se dotan además de instituciones: los ayuntamientos, la Diputación… Y hay personas entre nosotros que se presentan como candidatos, que formarán parte luego de esos ayuntamientos, de la Diputación, para servir al bien común de nuestras sociedades que están establecidas en los diversos municipios de nuestra provincia, que coincide con la Diócesis.

Debemos agradecer, en primer lugar, a todos aquellos que han decidido dar un paso adelante y presentar sus proyectos y, sobre todo, sus personas, para que los ciudadanos en el ejercicio democrático de su voto puedan decidir en quién confían para la gestión del bien común en los próximos años. Es bueno también llamar la atención de estos ciudadanos sobre la responsabilidad que tienen de ayudar a que este objetivo, que se expresa luego en condiciones de vida muy sencillas (en facilitar la relación es de unos con otros, en hacer que sea posible que los recursos, los medios, estén bien distribuidos…) se haga realidad.

Se hace imprescindible que estos futuros responsables de nuestra acción política, de nuestra organización compartida, como alcaldes o como concejales, caigan en la cuenta de que tienen que servir a todos. Es lógico que ahora, durante la campaña electoral, propongan criterios y actividades diferentes, pero una vez que asuman sus cargos y su responsabilidad han de ser conscientes de que representan y sirven a todos.

Por otro lado, los ciudadanos, aquellos que convivimos, que formamos parte de la vida social, no podemos desentendernos del bien común. No podemos sin más esperar que todo lo realicen las instituciones; en este caso los ayuntamientos o la Diputación, sino que estamos llamados a vivir nuestro compromiso ciudadano no exclusivamente reclamando derechos, sino reconociendo el deber cívico de contribuir, cada cual desde su casa, desde su trabajo, desde sus diversas relaciones y su vida asociada, a realizar el bien común.

Los cristianos laicos están llamados de una manera singular a vivir la caridad política; es decir, a vivir el mandamiento nuevo del Señor, ése que todos reconocemos de amarnos unos a otros, también en la dimensión social de la existencia, contribuyendo a posibilitar esa amistad social que es indispensable para que el tejido básico de nuestra sociedad esté bien entrelazado. Es una caridad política que brota de nuestra condición de hijos y hermanos, de una fraternidad reconocida porque afirmamos un Padre común, y que tenemos también que saber expresar en nuestro compromiso público. Nuestra responsabilidad como ciudadanos no se agota depositando la papeleta en la urna en las próximas elecciones municipales, sino que estamos llamados a lo largo de toda la legislatura a comprometernos también por el bien común en el ejercicio de la caridad política.

Este año, el día de las elecciones coincide con la fiesta solemne de Pentecostés. Invoquemos al Espíritu Santo para que nos dé luz para saber por dónde encaminar nuestras decisiones en favor del bien común.