La sociedad necesita jóvenes y adultos que conozcan la historia, las profundas y ricas raíces espirituales de nuestros pueblos.

En este momento, el sistema totalitario imperante en nuestra sociedad trata de desarrollar, sobre todo entre los jóvenes, la cultura del olvido, para que sólo vivamos del presente (presentismo), sin raíces y sin futuro.

Su pretensión es que la historia de las víctimas, de los empobrecidos que han hecho en silencio la solidaridad en la historia, de los militantes que lucharon por la implantación del Reino y su Justicia, no cuente a la hora de realizar otro mundo radicalmente diferente al suyo. Es necesario que la persona no se sienta parte de un proceso histórico, ni protagonista del mismo de forma asociada.

Se extiende una cultura de la autosuficiencia, del rechazo a ser educado por otro, de cualquier referente moral, del conocimiento de las experiencias liberadoras, del don de consejo del Espíritu Santo, de toda norma o moral que no sea la del imperio. Éste es el único a quien se le obedece y se le sigue.

Desde todos los sectores se fomenta una pérdida del sentido de la historia que divide y desorienta cada vez más. Se reavivan viejos conflictos que parecían ya superados, resurgen nacionalismos agresivos. Una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascaradas bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales. Lo que nos recuerda que «cada generación ha de hacer suyas las luchas y los logros de las generaciones pasadas y llevarlas a metas más altas aún. Es el camino.

El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos» (FT 11)

Son las nuevas formas de colonización cultural que en tantas ocasiones denuncia el Papa Francisco: “Un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras. ¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción”. (FT 14)

Nuestra sociedad necesita jóvenes y adultos que conozcan la historia, las profundas y ricas raíces espirituales de nuestros pueblos. Nuestra tarea de transformación del mundo no puede, ni debe, desconocer los resultados que otras acciones humanas han tenido para la vida del pueblo. La historia reflexionada es lección para el presente y luz para el futuro.

 

Jaime Gutiérrez Villanueva

Fuente: https://omnesmag.com/firmas/leccion-para-el-presente-luz-para-el-futuro/