La Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca celebró las LVII Jornadas de Teología durante los días 29 y 30 de octubre de 2025 con el título “IA y teología: una relación a construir”.

La ponencia inaugural corrió a cargo de Mons. Luis Arguello, Arzobispo de Valladolid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, titulada “Visión panorámica y retos eclesiales de la IA”. En ella Luis Argüello ha señalado que la irrupción de la inteligencia artificial plantea un profundo desafío antropológico y teológico. En su reflexión, ha advertido que el ser humano, al mismo tiempo que ha sido elevado por el progreso técnico, ha sido dejado caer en una nueva forma de desesperanza existencial. Nos encontramos, afirma, ante una crisis de lo humano, donde la persona se ve atrapada entre la fuerza de los instintos y la de los algoritmos, lo que suscita una pregunta radical sobre la realidad de la libertad. Esta crisis se manifiesta también en una ruptura entre el yo y el cuerpo, en un nuevo dualismo gnóstico que disocia la identidad personal de la corporeidad, poniendo en cuestión la unidad integral del ser humano. Asimismo, Argüello advierte que la expansión de la IA puede tener consecuencias sociales graves, como la pérdida de empleos o el aumento de las desigualdades, y reconoce en esta situación la tentación primordial del “seréis como dioses” (cf. Gn 3,5). Frente a este panorama, subraya que la Iglesia está llamada a ofrecer una palabra de claridad y esperanza, proclamando quién es verdaderamente el hombre, cuyo misterio se revela plenamente en el Verbo hecho carne (cf. Gaudium et spes, 22). En este sentido, la actual situación es también una oportunidad para mostrar una antropología cristiana adecuada, que ilumine el sentido de la persona a la luz de Cristo. Argüello percibe además un nuevo movimiento de búsqueda de Dios, fruto del vacío interior que deja la cultura tecnificada y autosuficiente. Este anhelo espiritual debe ser, dice, un acicate para la conciencia eclesial, que ha de saber acompañar y orientar esa búsqueda hacia el encuentro con el Dios vivo. En su reflexión sobre la ley natural frente al transhumanismo, el arzobispo de Valladolid recuerda que en Cristo la humanidad no solo ha sido redimida, sino también glorificada, de modo que la gracia puede realmente transfigurar al hombre: esta es la auténtica trans-iluminación. Finalmente, Argüello resalta la importancia de la vida nueva en Cristo vivida en comunidad, como antídoto al aislamiento propio de la era digital. Solo en la comunión eclesial, encarnada en lo concreto y real del encuentro personal, puede el ser humano redescubrir su vocación a la relación y al amor. Todos estos cambios —tecnológicos, culturales y espirituales— abren, según el presidente de la CEE, un nuevo horizonte de profundización en la Doctrina Social de la Iglesia, llamada a iluminar esta etapa inédita de la historia humana con la luz del Evangelio.

 

VISIÓN PANORÁMICA Y

RETOS ECLESIALES DE LA IA

 

EXCMO. Y RVDMO. SR. D. LUIS ARGÜELLO GARCÍA

Presidente de la Conferencia Episcopal Española

 

Prefiero hablar de pie, si os parece. La verdad es que un obispo tiene que hacer de todo. Y a veces, esta condición de ser florero, que adorna diversas actividades de la vida eclesial o de la vida social, te perturba un poco.

Yo, como se pueden imaginar, soy un ciudadano interesado en este asunto. Y, cómo no, también un pastor de la Iglesia interpelado por lo que significa siempre la novedad. Porque estamos llamados a una permanente articulación entre fidelidad y novedad para seguir la peregrinación de nuestra existencia.

Vengo a compartir una reflexión sobre este asunto del que no sé mucho. Más bien sé poquito. Pero no cabe duda de que los interrogantes que están suscitados, las intervenciones recientes de la propia Iglesia, es decir, además de esta nota que va a ser objeto especial de la reflexión de estas Jornadas Antiqua et nova son una forma de hablar también de fidelidad y novedad. También las intervenciones del papa Francisco, sobre todo en sus mensajes para la Jornada Mundial de la Paz y la Jornada de las Comunicaciones Sociales en las que habla este asunto.

El propio León XIV, cuando, explicando su nombre, hace referencia a León XIII y a la doctrina social de la Iglesia, reconoce cómo este ejercicio de la doctrina social de la Iglesia, de sacar del baúl lo antiguo y lo nuevo, supone seguramente en este momento de la doctrina social de la Iglesia una llamada especial a poner en relación el Evangelio y la realidad precisamente en este campo. Y así se refiere explícitamente León XIV a la necesidad de iluminar este momento desde la doctrina social de la Iglesia, precisamente en la reflexión sobre la inteligencia o las inteligencias artificiales. Aquí aparece ya una primera discusión ( LEÓN XIV, Discurso al Colegio Cardenalicio (9 de mayo de 2025).

Es más, en la carta publicada ayer mismo, la carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, para celebrar el 60.° aniversario de Gravissimum educationis del Concilio Vaticano II, haciendo una reflexión sobre la educación en esta hora, el papa hace referencia de soslayo a esta cuestión, avisando, por una parte, de que no hemos de caer en una tecnofobia y, por otra, al mismo tiempo, avisando del desafío educativo, formativo, antropológico, ético que supone esta cuestión también para la propuesta educativa de la Iglesia, entendida además en el sentido más amplio.

Os comento la historia de mi propia reflexión. A mí, hace casi diez años, me pidieron una reflexión sobre antropología y doctrina social de la Iglesia. Me señalaron el campo a partir de dos textos. Un texto del filósofo alemán Peter Sloterdijk, Reglas para el parque humano. Es un texto breve, publicado justo en el giro del siglo, en el que él hace una enmienda a la totalidad del humanismo.

En realidad, es un texto polémico porque algunos ven en él una defensa del nazismo y de la eugenesia, así como una crítica radical al humanismo. Y en él, ya hace veinticinco años, en las Reglas para el parque humano, Sloterdijk dice que tenemos que casarnos con las máquinas con las que compartimos nuestras vidas. Los hombres necesitan relacionarse entre sí, pero también con las máquinas, los animales y las plantas, y deben aprender a tener una relación polivalente con el entorno.

El otro texto que me fue sugerido para hacer esta reflexión sobre la Doctrina social de la Iglesia y antropología fueron las previsiones que el Foro de Davos hizo en el año 2015, precisamente pensando en el tramo 2025-2030 en el que estamos. Entonces, en esa fecha, el Foro de Davos formuló veintitrés previsiones, casi todas relacionadas con nuestro asunto. La mayoría de ellas se están cumpliendo.

Se refiere a las tecnologías implantables. El primer teléfono móvil implantable estará disponible comercialmente antes de 2030. El 80 % de las personas tendrán presencia digital en Internet. El 10 % de las gafas de lectura estarán conectadas a Internet. El 10 % de las personas usarán ropa conectada a Internet. El 90 % de la población utilizará teléfonos inteligentes. El big data para la toma de decisiones. El primer gobierno que sustituirá el censo de población por uno basado en fuentes de big data.

En 2035, la mayoría de los consejos de administración de las grandes corporaciones del mundo tendrán asistentes de inteligencia artificial en sus juntas directivas. Hemos sabido que este año 2025 el gobierno de Albania ha decidido sentar en su consejo de ministros a una máquina como último recurso para combatir la corrupción. Una máquina que tiene la encomienda de tomar las decisiones relativas a las obras públicas y a su concesión. Y así, el jefe del gobierno de Albania ha nombrado ministro a un robot, Diella, tal cual ha aparecido en el Boletín Oficial de esta república salida del mundo soviético.

Bueno, qué decir del dinero, del dinero digital, de las cripto-monedas, etc. Entro más en el tipo de reflexión que, como pastor de la Iglesia, me interesa hacer. Insisto, sin entrar en aspectos técnicos respecto a la inteligencia artificial, porque es un asunto que, honradamente, he de decirles que me desborda.

Pero sí que me interesa resaltar el humus previo para la propuesta que podamos dar. Porque lo que Sloterdijk plantea en esta crisis radical al humanismo es un asunto que podemos seguir. Porque nosotros hemos vivido el tiempo moderno como un elogio del humanismo, del hombre puesto en el centro, del orillar a Dios, de vivir como si Dios no existiera o de plantear todos los asuntos de la existencia sin Dios.

Desde ahí han surgido todas las propuestas poshumanas, porque, puesto el hombre en el centro y alzado, posteriormente se le ha dejado caer en una especie de desesperanza. Así, seguramente, aparecen dos asuntos notables en la propuesta que las inteligencias artificiales hacen al humanismo.

Algunas propuestas, digamos, de la filosofía, la antropología y la ética que acompañan al mundo de las inteligencias artificiales nos plantean que el hombre ha de ser definitivamente superado, entrando en una época poshumana. Después de haber tratado de situar al hombre en el tiempo moderno entre los animales y las máquinas, entre el instinto de los animales y el algoritmo de las máquinas, el centro, la libertad humana, aparece cuestionada.

¿Realmente somos libres? Los maestros de la sospecha son, de alguna manera, descuestionadores del humanismo, a fuerza de querer ser humanistas. Ya sea Freud, Nietzsche o Marx, incluso con la herencia previa de Darwin, de alguna forma cuestionan lo humano. Lo humano dentro de una estructura socioeconómica. Lo humano dentro de su propio mundo interior, de sus pulsiones. Lo humano y la gestión del poder, que debe ir más allá del bien y del mal. Entonces, en esta cuestión, en este cuestionamiento de lo humano, en esta crisis del humanismo, cuando eclipsadas, en Atenas, la razón, y en Jerusalén, la fe, relucen con fuerza la violencia de Enoch, la voluntad de poder de Babel, o la corrupción de Sodoma, por hablar de aquellas ciudades originales de la historia santa, más bien de la historia primordial que esta crisis del humanismo plantea. Por una parte, la superación de lo humano, decía, y por otra, la mejora de lo humano.

Al hilo de las inteligencias artificiales, hablamos del hombre exponencial, de la capacidad de esta alianza entre el sujeto humano y las máquinas para superar los errores y las deficiencias humanas. La crisis del humanismo aparece, por una parte, como una nueva utopía y, citando de nuevo a Sloterdijk, como un nuevo tiempo de la escuela de domesticación. Que si ya el humanismo, según este crítico de la propuesta, supone una cierta domesticación, la nueva fase, la superación, ya sea poshumanista o transhumanista, ya sea de superación radical de lo humano o de mejora de lo humano, del hombre exponencial, del hombre mejorado, del hombre que, compartiendo una nueva alianza con las máquinas, se sitúa de una forma nueva.

Claro que, en todo este recorrido de crisis del humanismo, hay crisis de aspectos antropológicos nucleares. Yo quisiera poner en el centro esta mañana, especialmente, la cuestión del cuerpo. La crisis del cuerpo.

Porque, si por algo se caracteriza la inteligencia artificial, es en que es una inteligencia desencarnada. Es una inteligencia que piensa que lo que puede sustituir y mejorar de lo humano son las funciones cerebrales. Cuando la inteligencia humana es una inteligencia corporal, es integral, no solo cerebral.

Pero la crisis de la corporalidad viene gestándose desde hace décadas. ¿No es tal vez la ideología de género, o, por ser más justos, algunas de las ideologías de género propuestas de deconstrucción de lo humano, en el sentido de relativizar el cuerpo, de convertir al cuerpo en un lugar de dominio, de ejercicio del poder de un supuesto yo, distinto del cuerpo, en unas formas de dualismo desencarnado en nuevas formas? No es extraño que Francisco sacase a pasear gnosticismos y pelagianismos, porque son errores históricos que reaparecen y tienen tanto que ver con lo que está ocurriendo en este momento, con la manera en que hemos de abordar toda esta cuestión.

Porque la ideología de género no deja de ser una propuesta de separación radical entre el cuerpo y el sujeto en la permanente relación entre naturaleza y cultura, sin la cual lo humano no se comprende. Las ideologías de género entronizan la cultura, dejando de lado la naturaleza; entronizan el género, despreciando el sexo. Esto está en algunas de las ideologías de género.

Es evidente que la cuestión del género es imprescindible abordarla, porque somos naturaleza y cultura y, por tanto, la propia sexualidad no se comprende ni se estudia ni se ahonda sin sus dimensiones culturales, sin su historia cultural, sin las funciones culturales que los hombres y las mujeres hemos dado a la sexualidad a lo largo del tiempo. Pero la propuesta ideológica contemporánea quiere prescindir del cuerpo, haciendo realidad aquello que Friedrich Nietzsche ya afirmaba a finales del siglo XIX. Nosotros queremos llegar a ser lo que somos, los nuevos, los irrepetibles, los irrebatibles, los legisladores de nosotros mismos, los que se dan a sí mismos la ley, los que se crean por ellos mismos.

En definitiva, el hombre quiere ser su propio experimento, y las posibilidades tecnológicas abren la posibilidad de un experimento abismal: la muerte del sujeto biológico y la aparición de un nuevo sujeto tecnocrático. Aparece de nuevo un viejo sueño: ser como Dios. Es un recorrido que empieza siendo materialista y desemboca en un materialismo espiritualista, gnóstico.

Valga la perplejidad de género sin sexo, sujeto sin cuerpo, vida sin libertad o con libertad aparente. Para disfrutar de bienes, honores y placeres sin los condicionamientos de la materia. En esta disolución del humano, en esta deconstrucción, falta una nueva propuesta constructivista desde la alianza con las máquinas. Está ahí, seguramente, en el humus que ha ido preparando nuestra propia situación antropológica y ética, que es débil a la hora de poder abordar el desafío extraordinario de la inteligencia artificial. Porque las ideologías de género y la propuesta queer han ido avanzando para incorporar el movimiento queer, la teoría cíborg y las propuestas transhumanistas y poshumanistas. En contraposición de la propuesta cristiana, que, entre otras cosas, es una propuesta de redención, de salvación, la tecno-redención es propuesta por algunos de estos autores, en sus diferentes variantes, como las propuestas transhumanistas o poshumanistas. Ahí conviene distinguir cómo el transhumanismo se sustenta en mejorar tecnológicamente a los seres humanos, como individuos y como sociedad, mediante su manipulación como especie biológica, abrazando el sueño de abandonar y superar la precariedad de la existencia orgánica.

Es una nueva propuesta de redención. Claro que esta propuesta de redención, como en el mito de Fausto, pide entregar el alma a la hora de encontrar ahí la salvación. Para alcanzar este propósito, las teorías queer y su última expresión en el mundo cíborg abogan por la destrucción de lo que denominan el orden heteronormativo, ya se apoye o no en la corporalidad.

En esta misma línea, los cuerpos objetivados con esta superación del cuerpo para entrar en un nuevo organismo híbrido de maquina y cuerpo humano, piden la emancipación del sujeto de su propio cuerpo, cambiar el orden significante de la corporalidad, eliminar o pasar a un segundo plano los significados de la naturaleza Se trata de ir a una sociedad sin sexos y sin géneros, en la que el ideal del nuevo ser humano está representado por una hibridación que rompe la estructura dual masculino-femenino, alma-cuerpo, sujeto individual y comunidad. Son las destrucciones de las polaridades antropológicas básicas que, de alguna forma, explican la polarización existente.

¿Por qué la polarización nos invade? Yo creo que se han suprimido las polaridades mencionadas anteriormente. Y al suprimirse las polaridades que constituyen lo humano, el triunfo es de la polarización, que no deja de ser un ejercicio de poder. La humanidad se encuentra en los inicios de una revolución tecnológica, a un ritmo acelerado y de un alcance tal que está generando transformaciones que solo comenzamos a imaginar.

Hoy parece posible mejorar drásticamente la memoria de las personas, los procesos cognitivos, sus capacidades físicas e intelectuales, y aumentar la longevidad hasta extremos que pueden cambiar nuestro concepto de mortalidad. Ya en el año 2015, en el informe del Foro de Davos, repito, se anticipaba lo que parecían ser constantes fundamentales de la naturaleza humana. La memoria, los procesos cognitivos, las capacidades físicas e intelectuales aumentan la longitud de la vida.

No es extraño que el presidente ruso y el presidente chino hablasen el otro día de sus expectativas de vivir hasta los 150 años. Hace tiempo, en 2015, el Foro de Davos ya hablaba de esto, cuando todavía no conocíamos el GPT ni hacíamos pruebas con la app de los chinos.

Bien, os cuento una anécdota. El otro día jugué con la app de los chinos, con DeepSignal, para hacer una comparación y una valoración del régimen chino y del régimen de Franco. Le pedí a esta app de inteligencia artificial china que hiciera una crítica del régimen de Franco. La hizo, bueno, de una forma sencilla, pero ofreciéndome una página interesante. Y luego yo ofrecí esa misma página para que, con esa propuesta, juzgase al régimen chino.

Es curioso porque las respuestas de DeepSignal serían las que habría dado al régimen franquista, hablando de la importancia de contar con un movimiento nacional, el Partido Comunista Chino, capaz de agrupar todas las tendencias. En China no hacen falta partidos políticos ni sindicatos, porque el Partido Comunista Chino ya lidera el camino del socialismo y los éxitos económicos que está teniendo el sistema, por encima del crecimiento de otros.

Es lo mismo que decía el franquismo en los años 60, que algunos vivimos, respecto del éxito posterior a la reforma económica de 1959. Cuando yo le dije a la app Deep que lo que me está diciendo también lo diría Franco, ¿sabéis lo que hizo? Me mandó a paseo. Me dijo: «Bueno, mire, de este tema es mejor que hablemos de otra cosa».

Bien, así son las cosas. Eso es un juguete. En realidad, para nosotros la inteligencia artificial tiene las características de un juguete. Pero, repito, ya en el año 2015, los avances científicos y tecnológicos, decía Davos, ofrecen increíbles posibilidades de aumento de la renta y del bienestar, pero también conllevan enormes riesgos que van desde la posibilidad de un crecimiento drástico del desempleo.

En el XL Semanal, que acompaña a varios periódicos españoles los domingos, el domingo pasado venía un reportaje sobre inteligencia artificial y empleo titulado «El gran reemplazo». Este título, que se utiliza habitualmente en la jerga sociológica para hablar de lo que está pasando en algunos barrios con la llegada de los inmigrantes —el gran reemplazo—, suele poner bastante nervioso a la mentalidad progresista, ese árbol del reemplazo que se está produciendo en barrios de Marsella, de París, de Bruselas, de Barcelona y hasta de Medina del Campo. Pues ahora se habla del gran reemplazo, que está provocando, sobre todo en este momento, en los puestos que podríamos llamar administrativos, pero que, de manera general, es lo que hoy llamamos en nuestras sociedades democráticas uno de los corazones de la crisis de las democracias representativas: la desaparición de las clases medias. El reemplazo que la inteligencia artificial está produciendo en determinados puestos de trabajo tiene que ver con estas dificultades de las clases medias.

La situación es de un crecimiento drástico del desempleo y de la desigualdad y de presiones insoportables sobre los sistemas de protección social. La propia tecnología ofrece, decía Davos, nuevas y mejores posibilidades para conjurar estos riesgos. En fin, amigos, desde ahí quiero ya aterrizar en la organización de los retos eclesiales y termino.

En realidad, yo creo que, una vez más, un cambio en un instrumento clave en el sistema económico tiene mucho que ver con cómo sea nuestra organización política. Y cuando digo organización política, me refiero a todos los asuntos que tienen que ver con la convivencia humana organizada. ¿Cuál es, seguramente, la novedad de esta novedad? Que una de las intuiciones de la doctrina social de la Iglesia, que es la relación entre antropología, economía y política, está puesta delante de nosotros con toda su radicalidad.

No estamos hablando solo de un instrumento, como pudo ser la máquina de vapor, el motor de explosión o la revolución de las comunicaciones con el teléfono, el telégrafo, la radio y la televisión. Estamos hablando de un tipo de instrumento que tiene consecuencias económicas y, por tanto, consecuencias en la organización política, que cuestiona lo humano, bien para sustituirlo, bien para mejorarlo con criterios discutibles de mejora. Esta Cuarta Revolución Industrial, otros llaman Quinta, Cuarta Revolución Industrial, que va desde la biotecnología a la inteligencia artificial, está redefiniendo lo que significa el ser humano, con una incidencia en la economía extraordinaria que está provocando hoy, al menos, una gran desigualdad entre aquellos que tienen el gran acceso y las grandes corporaciones que dominan los recursos de la inteligencia artificial, ya sea los big data, los grandes servidores, la nube.

Es curioso lo poco que se habla de las consecuencias que la inteligencia artificial tiene para el consumo energético. La sensibilidad ecológica que hemos vivido en lo que podríamos llamar una última fase de la doctrina social de la Iglesia, el grito de la tierra y el grito de los pobres laudatos, y resulta que no hay nada más agresivo hoy al consumo de agua y al consumo de energía eléctrica que la inteligencia artificial. Si uno pregunta a las propias aplicaciones de inteligencia artificial cuánto está costando esta consulta que te estoy haciendo, me responde: el consumo eléctrico que supone una pequeña consulta es de asustar. Con lo que eso está suponiendo, también, si se concentra la energía eléctrica para este tipo de usos, se está separando de otros, o vienen nuevos planteamientos respecto de las energías, de la energía eléctrica y del agua, que en Laudato si’ tiene una importancia tan grande la reflexión sobre el agua, pues hoy el agua y la electricidad tienen en la inteligencia artificial su más voraz consumidor, y esto apenas está surgiendo. Al mismo tiempo, estas sorprendentes innovaciones están empujando los umbrales actuales de la longevidad, la salud, la cognición y las capacidades de un modo antes reservado a la ciencia ficción.

A medida que avanzan el conocimiento y los descubrimientos en estos campos, nuestra voluntad y compromiso de mantener debates teológicos, antropológicos, éticos, morales y pastorales son fundamentales, porque vivimos en una nueva frontera, no sólo de la antropología, sino también de la propia comprensión de Dios y de la espiritualidad. Hace falta, ante una agresión tan radical, en el sentido de que afecta a tantos aspectos de la vida de las personas, a su extensión en las relaciones, a su economía y a su organización política, una respuesta que ponga en juego también todas las potencialidades de lo humano. Porque todo este asunto del que estas jornadas reflexionan en estos dos días supone que me poníais en el título la palabra «retos», sí, retos teológicos y antropológicos.

Si para algunos esta alianza del hombre y la máquina supone la posibilidad de avanzar en la pretensión fáustica o del tentador primero, de ser como Dios, ello supone de nuevo una propuesta sobre Dios. Los periodistas me preguntaban qué me parecía el nuevo videoclip de Rosalía. Bueno, la verdad, han ocurrido unas cuantas cosas en la última semana que te hacen decir «bendito sea Dios».

Byung-Chul Han, premio Princesa de Asturias, acaba de escribir un libro sobre Dios de la mano de Simone Weil, en el que trata de mirar al vacío y, mirando al vacío, trata de reconocer al único que puede colmarle. El caso de Rosalía bien puede reducirse a una cuestión de marketing, pero no cabe duda de que, si así fuera, el marketing trata de reconocer corrientes que ya están en la vida.

Y entonces, esta corriente de búsqueda espiritual es importante. Como también vemos hoy el crecimiento en nuestra vida eclesial de búsquedas de espiritualidad con un acento marcadamente emotivista. Pero ahí están y piden de nosotros una reflexión teológica, no para condenar, sino para ver cómo escuchar, acoger y hacer crecer y desarrollar este propio camino.

Los retos antropológicos son evidentes, pero ya los teníamos por lo que suponen las ideologías de género y las propuestas pelagianas y gnósticas. Los retos antropológicos y teológicos son indudables, pero, por otra parte, en el camino actual de la evangelización de la Iglesia, hablar de Dios, proponer a Dios, proponer una propuesta de persona, testimoniar esta propuesta de persona después de la reducción del tiempo moderno de la persona a individuo. Cuando estamos celebrando 1.700 años de Nicea, cuando en aquellos debates de Nicea, de Calcedonia, aparece la cuestión de la persona, cuando el tiempo moderno en su final ha hecho que volvamos a las máscaras, a una comprensión del prósopon en persona, otra vez desvinculado del propio sujeto, siendo una máscara intercambiable, en la que un mismo actor puede representar diversos personajes según la máscara, según el chip, según la máquina.

La propuesta de la antropología que, como dice Gaudium et spes en el número 22, tiene en Jesucristo su propia propuesta, su propio modelo. Es que hay un tiempo verdaderamente pre y no un tiempo post. Poshumano, posdemocrático, posverdad. No. Es el tiempo de un nuevo inicio, de una nueva siembra, antiqua et nova, en fidelidad y novedad.

Conceptos como alma, conciencia, libertad y amor son indispensables al entrar en este coloquio. Los retos antropológicos y teológicos están en el fundamento de lo ético y lo moral, porque bien experimentamos hoy, en el diálogo con nuestros contemporáneos, la propuesta de una ética que no convierte los corazones. Ni siquiera es comprensible.

Solo una propuesta ética, fundada y fundamentada teórica y existencialmente en una antropología encarnada y vivida, y en una teología del Verbo hecho carne, que nos alienta con su mismo Espíritu, es posible. Pero ahí, en estos retos éticos y morales que se enlazan con la antropología, la nueva reflexión sobre la ley natural aparece como importantísima en este momento. No una ley natural al estilo del tiempo moderno, sino al estilo de Grocio y sus compañeros mártires, que en realidad hace juego con el positivismo jurídico, sino una propuesta como la elección inaugural que se dio en esta misma casa y que yo tuve la suerte de escuchar. No cabe duda de que es un desafío enlazar la teología, la antropología, la ética y la moral.

Claro, en este desafío ético están, por una parte, la formación ética de quien programa la inteligencia artificial, los sesgos de los algoritmos, la privacidad y la transparencia. También está la regulación, que resulta tan difícil. La Unión Europea no ha sido capaz de ponerse de acuerdo en una regulación ética porque, por otra parte, se tiende a considerar que la experiencia acumulada en este campo es tan amplia y evoluciona a tal velocidad que nos desborda, de manera que resulta muy difícil establecer límites efectivos. Por tanto, la regulación ética que se trata de plantear y, de hecho, las sugerencias que se han hecho tanto por parte de los organismos europeos como por parte de organismos de Naciones Unidas, son propuestas éticas y, valga la expresión, de un mero carácter procedimental, pero difícilmente entran en la hondura de la cuestión.

Esta regulación limita las tecnologías que pueden manipular la voluntad y reducir la autonomía humana. Por eso, es tan importante la formación ética de los usuarios, de los sujetos humanos, es decir, de nosotros mismos. Es algo extraordinario. Dentro de lo que pudiéramos llamar un camino de formación para los retos antropológicos, teológicos, éticos y pastorales, que en definitiva nos sitúa ante los retos evangelizadores y pastorales de esta propuesta.

Este desafío ahonda más en la importancia de que nuestra propuesta de evangelización y nuestra atención pastoral al pueblo santo de Dios subrayen la dimensión espiritual, la dimensión de caer en la cuenta de que somos humano-divinos, de que al transhumanismo hay una dimensión de la pretensión cristiana que puede hablar de tú a tú. En realidad, para esto tendríamos que ir al siglo XIX y leer a los cosmistas rusos y a teólogos y filósofos del mundo ruso con sus desvaríos, pero al mismo tiempo con esta intuición que tiene el mundo oriental de hablar de una divina humanidad, de no quedar la propuesta cristiana solo en el ámbito de la redención, sino ensanchar la propuesta cristiana al ámbito de la glorificación, de la santificación, de la divinización. Y que este transhumanismo cristiano, que tiene su corazón en la relación entre naturaleza y gracia, en esta nueva fase de la relación entre naturaleza y gracia, supone una formulación que para Agustín no encontramos.

De nuevo, la Carta a los Romanos que acabamos de leer, la gracia que tiene la capacidad de transfigurar la naturaleza. Hay una pretensión transhumanista en la vida cristiana, desde la propuesta de la divina humanidad, desde la propuesta de la santidad, de la glorificación. Por eso es tan importante la vida según el Espíritu, el cuidado de la conciencia, la dimensión espiritual.

Pero hay otro reto evangelizador y pastoral de primera magnitud: vivir la vida cristiana en una comunidad concreta. Ante este desafío de la manipulación de la conciencia, de resolver cada sujeto sus asuntos en coloquio con las máquinas, la importancia de lo real, de lo presencial, de lo carnal, del tacto, de la mano. Hay una paradoja de un autor del que ahora no me acuerdo el nombre, de estos que estudian la inteligencia artificial, que nos dice que las inteligencias artificiales tienen la capacidad de un desarrollo extraordinario en lo cognitivo y una debilidad muy grande en lo manual y lo sensorial.

Porque la capacidad del hombre en sus manos de moldear, de tocar, de pintar, de acariciar, de modelar supone tal cantidad de mecanismos y tiene tal cantidad de experiencia antropológica histórica que las máquinas son torpes en estos aspectos. Digamos que los manuales son más fáciles, aunque parezcan muy hábiles, para otro tipo de ejercicios. Pues es la realidad de lo carnal, lo concreto, lo presencial, lo real en la comunidad cristiana, que sirva para mantener el encuentro personal en esta era digital, que diría Paolo Benanti. Es también, pero forma parte de lo que quiere ser, la evangelización de la Iglesia en esta hora: anunciar a Jesucristo, la posibilidad del encuentro con él, el cultivo de la vida en el Espíritu, la encarnación de esta vida en el Espíritu, como dice Francisco en Evangelii gaudium, con las dos dimensiones de la expresión social del kerigma.

Seguramente, el campo sanitario es uno de los ámbitos en los que la inteligencia artificial está provocando, digamos, sorpresas positivas de mayor magnitud. Pero, al mismo tiempo, el cardenal

Parolin ha hablado de cómo la inteligencia artificial se está utilizando para el triaje, para el descarte, para decir, siguiendo a Peter Singer, filósofo ético que acompaña muchas de las propuestas de bioética de hospitales americanos, además del proyecto Gran Simio y todas estas cosas, que hay seres humanos que no merecen protección. El, que es favorable al aborto, dice con mucha claridad: es mentira lo que dicen las feministas.

No es el derecho al propio cuerpo. En el seno de una mujer hay, de verdad, una vida humana distinta. Y es verdadera vida humana. Pero es una vida humana descartable. Y, desgraciadamente, la inteligencia artificial se está utilizando para realizar descartes, valga la paradoja del nombre, sin que un sujeto humano tenga que estar afectado, sino porque lo hacen las máquinas.

Son, por tanto, retos pastorales y evangelizadores de la conciencia, de la espiritualidad, de la vida comunitaria y de la formación ética de ministros y fieles para un discernimiento crítico de la tecnología. Termino. También con retos institucionales.

Si hay teológicos y antropológicos, si hay éticos y morales, si hay pastorales, también hay retos institucionales. ¿Cómo desarrollar las competencias digitales de estas máquinas dentro de las estructuras eclesiales? Como en tantas de nuestras empresas. Esto es una empresa. Las escuelas católicas son empresas. Los hospitales católicos son empresas. La radio católica es una empresa. Y todos tenemos el desafío de implementar, como se dice ahora, poner en marcha, en práctica, incorporar las estructuras digitales. También en las editoriales.

El asunto es: ¿cuáles son nuestros criterios? ¿Cómo valoramos las consecuencias que esto puede tener para las personas? ¿Cómo hacemos los discernimientos? ¿Cuáles son las propuestas y qué reflexión puede hacerse en un sitio como este para ofrecer criterios éticos a las comunidades cristianas?

Y, evidentemente, aparece un reto institucional tanto para las facultades de teología como para el Magisterio de la Iglesia en esta nueva fase de la doctrina social de la Iglesia y de sus puntos de referencia: la persona, la familia, el trabajo, la economía y la política, pero vividos desde la novedad de este crecimiento, de esto que es algo más que una tecnología.

El papa Francisco ha subrayado la necesidad de una alfabetización algorítmica. Y ha llamado a una reflexión profunda sobre cómo la tecnología puede servir realmente a la humanidad sin reemplazar las relaciones auténticamente humanas. Bueno, me callo porque me he pasado de la hora.

Algunas perspectivas quedan abiertas. Y, en todo caso, amigos, alegrémonos de las increíbles capacidades de la mente humana e incitemos a responder a este desafío desde una propuesta radical de Jesucristo, de su Iglesia y del anuncio de su Reino. Amén.